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EL ESCOBILLÓN. El Nota que soñaba con fósforos y un bidón de gasolina. Por Eduardo García Rojas

Antes de entrar en el bar se le acaban los fósforos aunque piensa en el bidón de gasolina que ha dejado en casa. Eso lo tranquiliza.

Avanza con pasos largos hasta sentarse en la barra grasienta, donde coge un periódico. Se pone a repasar la cartelera porque todavía no pierde la esperanza de arriesgarse a meterse en un cine y volver a escuchar a Audrey Hepburn cantar Moon River.

Pero las películas que se anuncian no llaman su atención.

Y piensa que lo mejor es ahorrar el dinero e invertirlo en otra cosa.

El domingo, por ejemplo, abre el Rastro de la capital tinerfeña, esa geografía loca y ambulante que se instala en los alrededores del Mercado de Nuestra Señora de África, e igual con suerte encuentra algo interesante.

También puede recorrer las calles de esta capital cada día más sucias. Tan sucias que parece que vuelven a ser tomadas por las cucarachas gigantes que hacía tiempo no veía cuando andaba como un sonámbulo y con la cabeza baja por las ramblas.

Coge el periódico y vuelve a ojear la cartelera mientras se toma un café que le sabe más a cloro que a café.

En los Multicines Renoir-Price estrenan La piel que habito, del tal Pedro Almodóvar. Y niega con la cabeza. Es uno de esos tantos espectadores que todavía se lo piensa mucho antes de entrar a ver una película española. Y más si se trata del tal Almodóvar. Y no porque tenga nada en contra del castellano manchego que triunfa porque el azar es así de extraño.

Tampoco le llama la atención Dinero fácil. Aunque probablemente se trate porque no termina de hallarse con el género policíaco que le viene del frío. Cosas suyas, sin lugar a dudas.

Hay otra cinta, norteamericana. El perfecto anfitrión. Ni idea.

Por razones obvias descarta Manuale d’ amore 3. Razones obvias: no vio la primera ni la segunda así que ni putas ganas por ver la tercera.

Eso le hace pensar en el bidón de gasolina. También en que no tiene cerillas. O fósforos, que lo mismo da.

Continúa explorando la cartelera.

Le gusta el resumen que lee de Betty Ane Waters. Pero no le convence. Probablemente sea porque películas como éstas  las ha visto un millón de veces. Una historia de coraje y superación. De esfuerzo y de creer en la bondades de la justicia. Esas mentiras que nos enseñan para que seamos un poco más idiotas.

Se lleva la mano al bolsillo cuando lee la cartelera de los Multicines Meridiano.

Descarta Animals United. Aunque le gusta el tonillo marxista del título.

Cowboy & Aliens le parece bien si la pilla en deuvedé y la ve en la sospechosa tranquilidad de su casa. Aunque sabe que tendrá que esperar a que se la baje algún colega o alquilarla cuando llegue a los estantes de los últimos videos clubes que aún quedan en activo en la ciudad fantasmal que es Santa Cruz de Tenerife.

Y otra vez la puñetera La piel que habito. Y no. No, gracias.

Le atrae la de dibujos Phineas y Ferb la película: a través de la segunda dimensión, aunque como la última que vio en pantalla grande de este género fue la deliciosa Rango no quiere salir frustrado del cine.

Sigue leyendo la cartelera y descubre una de matanzas que quiere ir de terror: Destino final 5. Como ya vio la primera, sabe que efectivamente no verá las cuatro cintas que se han rodado hasta la fecha a modo de continuación.

Y una españooolada: Lo contrario al amor. No, gracias.

Y una innecesaria puesta al día de Conan el bárbaro. Y él, que quiere demasiado a Robert E. Howard y no se cansa de ver el primer Conan que llevó al cine John Milius, no quiere dejarse estafar por un aspirante a ser mesías del dios Krom.

Sus ojos se topan de pronto con Súper 8mm. Ya la vio. Y debe ser de los tontos que salió del cine con la sonrisa boba, recordando su entrañable adolescencia. De lo que hay en cartel, le parece que debe ser el único título estimable. O al menos de los escasos que no quieren tomarle el pelo.

Y se recuerda a sí mismo que debe comprar fósforos cuando lee La boda de mi mejor amiga o Zooloco

Claro que se calma un poco cuando con el dedo llega a una película de súper héroes que se estrenó hace unas semanas: Capitán América: el primer vengador.

La vio y la disfrutó. Tanto, que al llegar a casa cogió los tebeos originales y se dejó llevar con el extravagante dibujo de Jack Kirby. Después releyó los ultraviolentos y disparatados cuadernos del Sargento Furia y se dio cuenta que aún está en este mundo.

Salta la vista asqueado de la cartelera cuando llega a El origen del planeta de los simios.

Y regresa a ella, barajando una vez más la posibilidad de ir al cine con un bidón de gasolina, al leer que se ha estrenado una película sobre Los Pitufos.

¿Qué hacer entonces?

¿Salvar de entre las llamas el Harry Potter y las reliquias de la muerte y los Cars 2?

Termina el café con sabor a cloro, pide una caña de agua con gas y tras eructar en silencio abandona el periódico sobre la barra grasienta del bar. Se va sin dejar propina. Cosas de la crisis.

Camina por las calles mientras observa como las cucarachas gigantes corren como locas al sentir la vibración de sus pisadas.

Las que vuelan parecen que se quedan como planeando en el aire. Solo falta que se pongan a cantar y a bailar como en una película de Esther Williams.

Sigue caminando y se pierde en la escollera del muelle.

Y se da cuenta entonces que no lleva encima ni fósforos ni un bidón de gasolina.

Saludos, el Nota, desde este lado del ordenador.

Eduardo García Rojas. Publicado en http://www.elescobillon.com/

 

 

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