Cine SOCIEDAD

CINE. “La Boda de mi Mejor Amiga”. Girls Just Want to Have Fun.

Manuel E. Díaz Noda.-

El afán de Hollywood por etiquetar los sectores de la audiencia a los que puede dirigir sus productos ha llevado a un reduccionista, simplificador sistema de categorías en el que subyace un poso tremendamente sexista, clasista y racista. Para la industria del cine, las películas dirigidas al público femenino se dividen entre dramas y comedias románticas, con estrellas específicas como las más veteranas Meg Ryan, Julia Roberts, Sandra Bullock, Renée Zellweger, Jennifer Lopez y Sarah Jessica Parker, o sus reemplazos Kate Hudson y Katherine Heigl. Los personajes de estas cintas suelen ser mujeres independientes, competitivas, organizadas y responsables en grado sumo quienes, con el fin de llenar su faceta profesional, han desatendido su vida sentimental y a las que acaba rescatando de la soltería algún hombre con síndrome de Peter Pan y miedo al compromiso. Incluso producciones como “Sexo en Nueva York”, que en su periplo televisivo se caracterizó por dinamitar esos clichés sexistas, han terminado cayendo en la misma trampa una vez dan el salto a la gran pantalla. Bajo el nefasto título en español de “La Boda de mi Mejor Amiga” (el original, “Damas de Honor”, no debía parecer lo suficientemente llamativo para los distribuidores españoles, cometiendo el error de emparentarla con una película de Julia Roberts de características muy diferentes, con la consiguiente confusión que se puede generar en el espectador potencial) encontramos una comedia que no teme alejarse de estos parámetros para demostrar que al público femenino también le pueden interesar otros enfoques, generalmente dirigidos a los hombres.

Resulta llamativo que uno de los nombres detrás de esta producción sea el de Judd Apatow, un productor, guionista y director, habituado a estar al otro lado del espectro con comedias gamberras de protagonistas masculinos inmaduros, inadaptados sociales y sentimentalmente autistas. En estas cintas el componente romántico suele pasar a un segundo término, para centrarse en lo que se ha denominado “Bromance” (de la unión de “Brother/hermano” y “romance”), historias de compañerismo masculino heterosexual, en las que se enaltece la conexión que se puede crear entre dos hombres, en muchas ocasiones más satisfactoria para los protagonistas que la que consiguen con los personajes del sexo opuesto. Esto ha hecho que a Apatow se le haya criticado siempre la poca entidad o el sexismo con el que se acerca a sus personajes femeninos. Tras marcar un estilo gracias a películas como “Virgen a los 40”, “Lío Embarazoso”, “Superfumados” o “Hazme Reír”, siempre acompañado por un equipo más o menos estable de colaboradores (los actores Seth Rogen, Jason Segel, Adam Sandler, Will Ferrell, Jonah Hill, Elizabeth Banks o Leslie Hand son habituales en sus producciones), Apatow se ha arriesgado a afrontar estas críticas y trasladar su fórmula de éxito a un terreno distinto. Para esta mutación, ha contado con la labor de Kristen Wiig, una humorista de amplia fama en Estados Unidos gracias al show “Saturday Night Live” y a la que en España hemos visto en papeles secundarios en “Lío Embarazoso”, “Noche Loca” o, coincidiendo ahora en cartel, “Paul”. Ella ha sido la encargada de escribir el guión (junto con Annie Mumolo, quien hace un descacharrante cameo en la película como la alarmista pasajera en el avión a Las Vegas) y protagonizar la película, sobrellevando con solvencia el peso de gran parte del metraje y algunos de los mejores gags.

“La Boda de mi Mejor Amiga” se presentó como la respuesta femenina al éxito de “Resacón en Las Vegas”, aunque en este caso las comparaciones no son ni justas ni adecuadas. Es cierto que ambas apuestan por el humor de trazo grueso y escatológico, y sitúan la acción en los prolegómenos de una boda, sin embargo ahí se acaban las similitudes. Lo que sí es cierto es que las dos películas se insertan dentro de la etiqueta de posthumor, una variante cómica basada en el estupor o la vergüenza ajena que producen una serie de personajes llenos de carencias afectivas y heridas emocionales que los sitúan en el límite con el drama. Si sus desventuras no resultaran tan peripatéticas, si no se vieran envueltos en situaciones tan denigrantes y vergonzosas, nos llegaríamos a apiadar de ellos, pero en su lugar lo que se procura es forzar el escenario hasta el límite del absurdo para provocar la carcajada en la audiencia. 

Estamos ante una película de personajes, encabezada por un heterogéneo y estrambótico grupo de mujeres, con una especial habilidad para incurrir en las situaciones más bochornosas. La protagonista es Annie, quien atraviesa en ese momento una verdadera debacle profesional y sentimental. Atrapada en un trabajo que no le aporta nada, enganchada a una relación puramente física con un hombre al que no le interesa comprometerse y bordeando la quiebra económica, termina por derrumbarse cuando ve que el único bien que le queda, su mejor amiga de la infancia Lillian, le está siendo arrebatado por una mujer arrogante, acaudalada y manipuladora, Helen. Ésta está interpretada por Rose Byrne, una actriz a la que descubrimos en papeles de corte dramático como “Troya”, “28 Semanas Después” o “Señales del Futuro”, pero que sin embargo, desde su aparición en “Todo sobre mi Desmadre” ha ido desplegando una sublime vis cómica. Los rifirrafes y las miradas asesinas entre Annie y Helen en la película serán absolutamente antológicos desde un primer momento (delirante su duelo a discursos, para demostrar cuál de las dos es la mejor amiga de Lillian). Como suele ser habitual, la razón de la discordia, Lillian, resulta ser la más equilibrada de las tres, de ahí la necesidad de las dos enemigas por imponerse. Lillian es quien da calma y seguridad a sus caóticas vidas de carencias afectivas. Este papel está interpretado por Maya Rudolph, al igual que Wiig, otra veterana de la pequeña pantalla, conocida principalmente por su paso por la versión americana de “The Office”. Rudolph tiene la ingrata responsabilidad de interpretar al personaje serio de la película, y si bien se reserva para sí algún momento cómico, su papel es el menos agradecido.

Este peculiar grupo se completa con otros tres personajes femeninos. En primer lugar, y por orden de prioridad, Megan, la beligerante y corpulenta hermana del novio, quien con su estilo directo y su comportamiento más masculino consigue llevarse al huerto a la audiencia, llegando a eclipsar a las protagonistas de la película cada vez que sale en pantalla. Para los espectadores prevenidos, resultará incluso más chocante encontrar en este papel a la actriz Melissa McCarthy, recordada por su papel de la dulce Soockie en la serie “Las Chicas Gilmore”. Afortunadamente, el impacto cómico de este personaje le ha salvado de la tijera del montaje, algo que de lo que no pueden presumir sus compañeras de aventuras, Rita (Wendi McLendon-Covey, conocida en Estados Unidos gracias a la serie “Reno 911!”) y Becca (Ellie Kemper, una actriz también habitual de la versión americana de “The Office”). La primera viene a representar la modelo de ama de casa, hastiada de soportar a sus hijos y a su marido; mientras que la segunda es una ingenua recién casada que aún vive en la nube del enamoramiento. Inicialmente, entre estos dos personajes parece crearse un dueto cómico de interés, sin embargo, su historia queda en suspenso tras el viaje a Las Vegas, desapareciendo prácticamente de plano hasta el final de la película.  

Los roles masculinos están representados por dos actores de físico y reputación muy distinta. Jon Hamm, conocido por su papel de Don Draper en la serie “Mad Men”, se atreve a parodiar su imagen de galán con Ted, un personaje claramente antipático y grotesco. Destaca el sentido del humor con el que el actor, de trayectoria principalmente dramática, se enfrenta a este papel, consciente de lo que supone de revulsivo para su imagen cinematográfica. Por otro lado, Chris O’Dowd mantiene su imagen de tímido pusilánime, físicamente poco agraciado, ya explotada en la serie “Los Informáticos”. Como el Agente Nathan Rhodes intenta conquistar el corazón de Annie, devolverle su autoestima e inculcarle algo de conciencia cívica, sin embargo la protagonista no termina de tomarle en serio. Al igual que sucede con Lillian, éste personaje sirve para poner algo de cordura a la historia, sin embargo cuenta con características particulares (su obsesión por el orden y el control) que también le permiten al actor aportarle algo de comicidad.   

Cierran el rango de actores secundarios la veterana Jill Clayburgh (“El Expreso de Chicago”), como la madre de Annie, y Matt Lucas (“Little Britain”) y Rebel Wilson, como los repelentes compañeros de piso de la protagonista. En estos casos encontramos, como la propia personalidad de los actores se impone sobre las características de los personajes, consiguiendo que estos tengan más entidad de lo que inicialmente les deparaba el guión. Sus papeles no son especialmente determinantes para el desarrollo de la historia, pero sí aportan una comicidad especial.

“La Boda de mi Mejor Amiga” es una de esas comedias que funciona mejor por secciones que en conjunto. Consiguen enlazar varias secuencias de alto calibre humorístico (la escena de la tienda de trajes de novia hará las delicias de los amantes del cine escatológico más cáustico), sin embargo, la cinta sufre de unos golpes de tijera que dejan en suspenso algunos hilos argumentales, una puesta en escena rutinaria y funcional por parte del director Paul Feig, y peligrosos tiempos muertos, especialmente en la segunda mitad de metraje, que restan efectividad a la comedia. De no haber sido por esto, nos encontraríamos ante una de las mejores apuestas cómicas del año; sin embargo, el resultado final es una película que consigue grabar a fuego algunos momentos humorísticos en la memoria del espectador, pero que acaba diluyéndose en un metraje excesivo, apenas salvado por el empeño de su protagonista, Kristen Wiig.

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