Jesús Pedreira Calamita

Antonio Muñoz Molina. Por Jesús Pedreira Calamita

La Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en su emblemática sede del Palacio de la Magdalena en Santander acoge cada año una completísima reunión de nivel internacional. Son numerosos los Premios Nobel y Príncipes de Asturias que acuden con asiduidad a esta cita veraniega anual que ya ha rebasado los setenta y cinco años de existencia.

Asímismo, políticos del más alto nivel internacional y nacional suelen llenar con su presencia la Universidad que tiene el nombre del gran intelectual cántabro.

La Universidad cuenta con Seminarios y Jornadas que combinan la elevada calidad intelectual de sus conferenciantes con la importancia de los temas a tratar así como la variedad de los mismos.

Dentro de las actividades culturales tienen gran importancia y enorme acogida de público los Martes Literarios. Este año han participado, entre otros, Maruja Torres, Benjamín Prado, Juan Madrid, y en homenaje a los 25 años del fallecimiento del inmenso escritor argentino Jorge Luis Borges (una de las mayores injusticias ha sido, sin duda, el no haber sido reconocida su labor con el Premio Nobel de Literatura), su viuda María Kodama y Marcos Ricardo Barnatán.

Este año tuve la suerte de acudir al Martes Literario en el que participó Antonio Muñoz Molina. El escritor jienense es para mí uno de los cinco escritores españoles más importantes de los últimos veinticinco años. Destacó con “El invierno en Lisboa” (Premio Nacional de Literatura y de la Crítica 1988), y con “Beltenebros” (que sería llevada al cine, como “Plenilunio”, pero su consagración se produjo con la magistral “El jinete polaco” con la que obtuvo el Premio Planeta 1991, y el Premio Nacional de Literatura en 1992. Difícil novela, con un lenguaje soberbio, donde se narra la historia –entrelazada, en muchas ocasiones- de cuatro generaciones de una familia española.

Admiro desde que la leí a Muñoz Molina, y procuro leer todo lo que produce. Me parecen especialmente didácticos sus ensayos donde destaca “Córdoba de los omeyas” y también sus artículos periodísticos. Toca prácticamente todas las vertientes culturales. Leer un artículo de Muñoz Molina sobre una Exposición de Arte, es diseccionar al mínimo detalle cada obra con una observación atenta y nítida. La música es su otra gran pasión, y leyéndole, además de apetecernos escuchar lo que comenta, nos damos cuenta de la grandiosidad del jazz, género musical que requiere perfección, conocimiento, y, al mismo tiempo, improvisación.

“No hay libro sin lectura, es una partitura que debe ser interpretada” manifestó Muñoz Molina, que de manera tranquila y pausada fue desgranando toda su obra literaria, así como aspectos de la actualidad política internacional y española.

¿Imaginación? ¿Recuerdos? ¿Vivencias personales? Muñoz Molina señaló que, se da la paradoja, que, en aquellos supuestos en que en determinada novela le han indicado que “se aprecia claramente que se trata de un acontecimiento que le ha sucedido” ha sido totalmente inventado, y que por el contrario, cuando le han señalado “tiene grandes dosis de invención”, se ha tratado de un suceso real.

Aunque en muchas ocasiones, estos recuerdos o invenciones son colaterales a la Historia verdadera.

Con sentido del humor, y con verbo cálido y palabra fácil Muñoz Molina, jovencísimo Académico de la Lengua Española con sólo cuarenta años, atrajo durante casi dos horas la atención de una numerosísima audiencia. Siempre es de agradecer que los actos culturales como éste cuenten con masiva asistencia.

Muñoz Molina, genio, en definitiva. Y probable Premio Nobel.

Jesús Pedreira Calamita

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