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EL ESCOBILLÓN. El caso continúa abierto: ‘JFK’. Por Eduardo García Rojas

Imagino que a Abraham Zapruder no se le pasó por la cabeza que ese 22 de noviembre de 1963 iba a formar parte de la historia al registrar con su cámara de 8 milímetros los impactos de bala que acabaron con la vida del trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy en Dallas. El caso es que Zapruder, o más bien la película que filmó y que ha pasado a la historia como película Zapruder continúa siendo el documento más completo que existe de ese instante que cambió el curso de un país y probablemente también del mundo entero.

Curiosa década la de los sesenta. En Estados Unidos asesinan también a su hermano Robert Kennedy, Martin Luther King, Malcom X, el líder ultraderechista George Lincoln Rockwell… La sandía cubana muestra, como toda sandía, que es roja por dentro pese a que muchos combatientes revolucionarios pensaran otra cosa y por su causa el mundo está al borde de una guerra nuclear que Kennedy y Nikita Jrushchov logran detener pegándose gritos (me gustaría pensar) a través del teléfono rojo. El guerrillero argentino Ernesto Guevara es abatido al finalizar década más que prodigiosa, insólita, en Bolivia… En África, con la desaparición de Patrice Lumumba, se disuelve las esperanzas de un proyecto nacional revolucionario no solo para lo que hoy conocemos como República Democrática del Congo sino para un continente que entrecomillas comenzaba a liberarse de años y años de dominación y explotación colonial europea. Y en Asia, mientras tanto…

En este escenario convulso, de guerra gélida más que fría, la cabeza del presidente del país más poderoso de la tierra vuela en pedazos desatando a partir de entonces todo tipo de especulaciones.

Hace ahora exactamente veinte años un cineasta inclasificable e ideológicamente inestable de nombre Oliver Stone volvería a reabrir el caso Kennedy en la que, probablemente, sea su mejor película hasta la fecha: JFK, filme que se basa en las investigaciones que el fiscal del distrito en Nueva Orleáns, Jim Garrison, desarrolló sobre el magnicidio y en las que concluye que no fue un solo tirador (Lee Harvey Oswald) quien acabó con la vida del presidente.

Vista hoy, con la distancia de veinte años, JFK continúa siendo un apasionante, manipulador y retorcido largometraje que suscita preguntas y da miedo. Mucho miedo. El filme de Stone es, en este sentido, una obra maestra. Una película digamos que perfecta pese a que un posterior análisis de las pruebas y conclusiones que aporta estén cogidas por los hilos.

Pero es que aún con esas, no deja de resultar fascinante.

Fascinante porque si la ves con gente que no sabe quién coño fue Kennedy al final plantean casi siempre la misma pregunta: ¿quiénes, no quién, mató a Kennedy? Y la más importante de las cuestiones: ¿por qué le volaron la cabeza?

Entre las muchas escenas atractivas e inquietantes que tiene JFK me quedo con la conversación que mantiene Kevin Costner/Jim Garrison con X, un funcionario de alto nivel de Washington que interpreta Donald Sutherland.

Se trata de una escena rodada en exteriores y en ella se dan las claves, discutibles no voy a negarlo, de porqué mataron a Kennedy. No se dice quien dio la orden ejecutiva, pero sí el conglomerado de intereses (mafia, industria armamentística) que conjuró para que se quitaran de en medio a un hombre que no fue leal con quienes contribuyeron a ponerlo al frente de la nación más poderosa del planeta.

Se le puede objetar a JFK su plúmbea visión kennediana, que se trate de un filme de buenos y malos, pero incluso admitiendo esta torpeza, la fe ciega de que el supuesto Camelot pudo haber sido una realidad, a mi juicio JFK es una película que hay que ver por encima de, precisamente, el bien y el mal.

Funciona como historia de fantasmas malvados, aunque los fantasmas malvados sean reales y corruptos y sospechosamente (no sé por qué) homosexuales y cubanos anticastristas, entre otros.

Funciona como película de suspense porque narra con brío la compleja investigación que inicia Garrison junto a su equipo para averiguar una verdad que mucho me temo continuará oculta hasta que se logre desclasificar toda la documentación que rodea al caso.

Y funciona también como película conspiranoica y propagandística pero sobre todas las cosas funciona como historia (con ecos a Frank Capra) de un hombre honesto que es capaz  de sacrificar la paz y felicidad de su familia para descubrir la siniestra verdad que rodea a un caso que aún hoy continúa abierto.

La tesis de Stone es que no gobierna quien asegura que gobierna.

Gobiernan otros.

¿Quiénes son esos otros?

¡Suspense!

Eduardo García Rojas. Publicado en elescobillon.com


(*) Para conocer más sobre Oliver Stone y JFK recomiendo la consulta del libro Oliver Stone (Cátedra) escrito por el especialista tinerfeño Jorge Fonte.

Saludos, quemados por el sol, desde este lado del ordenador.

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