El electroshock. Por Carmen Ruano

9. marzo 2010

 

 

El electroshock

 

La fauna política es sumamente variada en esta Isla, quizás debido a que formamos parte de la Macaronesia y tenemos endemismos insólitos. Pese a ello no se ha estudiado en profundidad las cualidades morfológicas que presentan algunos de estos especímenes, que presentan una adaptación al medio insólita y despliegan una actividad inusual para otros ejemplares de su misma especie. Un caso de libro sería el de Carmen Nieves Gaspar, la alcaldesa de Granadilla que, extrapolado al mundo de los insectos podría arrojar luz sobre el comportamiento de estos artrópodos, en especial de dos subespecies conocidas coloquialmente como mosca cojonera y chinche chinchoso.

La mosca cojonera se diferencia de la mosca común en que suele fastidiar con mayor eficiencia a la víctima elegida y además, lo hace con empeño y tenacidad, lo cual flagela con mayor dolor si cabe a la persona que lo sufre. Se los explico de otro modo: ¿Que Unelco pide la licencia para construir una central para garantizar mejor el suministro eléctrico en la Isla?, pues no se le da hasta que tenga, por este orden, certificado de buena conducta de los empleados; carné de conducir en vigor; estudio de impacto ambiental; informe de afección de laderas y montañas colindantes; proyecto de la turbina; infografía en tres dimensiones de cómo funciona una instalación de este tipo; maqueta escala 1:1.000 de las piezas que componen la central; certificado de homologación de cascos y guantes de los trabajadores; certificado de navegación aérea de las chimeneas; manual de instrucciones de los interruptores; plan de emergencia y certificado de calidad del mobiliario y su adaptación ergonómica.


Por supuesto, para que la mosca sea cojonera de verdad hay que ignorar luego todos los requisitos exigidos y hacerse la sueca. O la islandesa, que es lo que está de moda en el turismo canario.

Es posible que la empresa consiga reunir todos los informes, estudios, certificados, manuales y proyectos exigidos pero eso no facilitará las cosas. Al contrario, cumplido el apareamiento de la mosca cojonera con los despropósitos, aparece el chinche, que se alimenta de la víctima. Le chupa la sangre. O en este caso, los cuartos, las perras, el dinero, el parné, la pasta… Se incrementan las cuantías de la licencia y se exorbitan las multas multiplicando la cantidad reglamentada por variables de gran interés como a) porcentaje de metros cuadrados de afección entre las chimeneas de la central y la estación orbital de la Nasa, en una proporción de 1 a 3; la cuarta parte de los ingresos de los altos cargos de la corporación, multiplicada por los votos necesarios para garantizar la reelección, dividida por el número de puestos de trabajo que es necesario crear; la suma, multiplicada por los cuatro años de mandato, de los vales de comida, gastos de impresión/distribución del boletín del ayuntamiento, fiestas y homenajes populares y todo ello moderado al alza con un factor de corrección de +- 300.000 euros por habitante y año desde que Canarias cayó presa de la colonización española.

Pero si bien hay que reconocer que los insectos son incómodos, no es menos cierto que las tecnologías avanzan, aunque no exentas de sadismo. Siempre me han horrorizado esos artilugios que colocan en los restaurantes donde las moscas y otros congéneres se achicharran con un ruidito tan eléctrico como siniestro. A Carmen Nieves Gaspar, alcaldesa de Granadilla, los tribunales le acaban de dar la primera descarga, pero me temo que no va a aprender ni con electroshock.

cruano@elblogoferoz.com


 
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