Elblogoferoz / Carmen Ruano.- La sede parlamentaria andaba ayer expectante con la “rentré” de Miguel Cabrera Pérez-Camacho, exilado de la portavocía del Partido Popular tras afearle a Paulino Rivero su periplo por tierras cubanas. Cabrera Pérez-Camacho volvió de Cuba con un muerto bajo el brazo –el disidente cubano fallecido a causa de la huelga de hambre- para cargárselo al presidente canario y lo hubiera conseguido si no fuera porque ya había puesto pies en polvorosa, conocida la aversión de Rivero a estarse quieto en un sitio y menos en la Asamblea Legislativa, donde le llueven las críticas. Si la reunión hubiera sido de un tagoror alternativo a lo mejor se hubiera quedado sentado más tiempo.
Pero aún así, Cabrera Pérez-Camacho, no defraudó al público. Llamó “payasito” a Rodríguez Zapatero, le dijo al portavoz socialista Sergio Roque González que había dos clases de personas “los que lo saben absolutamente todo y los que no saben absolutamente nada y que él –el socialista- no se encontraba entre los primeros” para luego rebautizar el llamado Plan Canarias con toda suerte de epítetos como Plan Especial de Financiación Diferida, el Plan Time Sharing o el Plan Para que Pague Mariano. Yo que lo conozco, ceo que estuvo comedido. Eché en falta el Plan Se Lo Colamos a Paulino, o el Plan Todavía Nos Estamos Partiendo de Risa, incluso el Plan Inocentes y Pardillos Ultraperiféricos, pero había que guardar las formas…
Al fin y al cabo, de lo que se trataba era de hacer una introducción jocosa para que su jefe de filas, José Manuel Soria, se luciera a continuación y desvelara que, en realidad, el Plan Canarias es un bluf económico, que no hay perras, ni cuartos y que la estrategia del Gobierno de ZP, para mayor escarnio, era una copia del pacto del Partido Popular y Coalición Canaria en el Archipiélago. Aquí patinó Soria de tal manera que hubiera jurado que se le resintió hasta la próstata. Y resbaló no porque no tuviera razón, sino porque hablar de copias para, acto seguido, citar a Romero Pi, que saltó a la fama por “plagiar” un programa electoral para López Aguilar no parece lo más adecuado. También es verdad que Romero Pí ha pasado de ser un copión a ser reconocido como un “prestigioso catedrático” por el simple hecho de abandonar el PSOE y decir que el Plan Canarias es cuasi una estafa.
En esas circunstancias, comprenderán que la posición de José Miguel Barragán, el portavoz de Coalición Canaria, era de todo menos cómoda, habida cuenta que su partido y su presidente habían celebrado con euforia el famoso Plan, se habían colgado varias medallas y sonreían bobaliconamente como si les hubiera tocado el Gordo de Navidad. Así que Barragán, discretamente, dijo “si no estamos hablando de eso no estamos de acuerdo”. Y no volvió a abrir la boca.
Como el socialista Sergio Roque es bisoño, es profesor de economía pero no catedrático plagiador y yo suelo ser condescendientes con los primerizos correré un tupido velo sobre su intervención parlamentaria, en la que se metió a psicólogo para diagnosticar un “trastorno bipolar” a los muchachos del PP. Estos rasgos caritativos me vienen, seguramente, de la educación recibida en un colegio de monjas de la que no consigo desprenderme del todo.
Rita Martín, con cara de circunstancias
Rita, pillada in fraganti. Pero la mejor anécdota de la sesión plenaria la protagonizó Rita Martín, nuestra consejera de Turismo, que llevaba una temporada recluida en la más absoluta discreción, algo insólito en ella. Martín aplazó una iniciativa parlamentaria y excusó su asistencia a la Asamblea Legislativa alegando que se encontraba enferma. Antonio Castro, el presidente, hombre pulcro y cortés donde los haya, comunicó la triste noticia deseándole una pronta recuperación.
La cosa no habría llegado a más si no fuera porque el gabinete de doña Rita envió a los medios de comunicación una foto de la consejera presidiendo una reunión turística en Gran Canaria cuando, teóricamente, debería estar postrada en el lecho del dolor. Sin embargo, en honor de la verdad, hay que reconocer que la imagen de Rita Martín no es precisamente lozana, todo lo contrario, se puede deducir por su gesto que le duele hasta la próstata de Soria y por ello va de riguroso negro; el pelo, lejos de revolotear sobre su cara, ha sido maniatado sobre la nuca y ese aspecto, sin duda, ha escandalizado a sus compañeras de partido, María Australia Navarro y Rosa Rodríguez, conocidas en el Parlamento como “las solistas de Abba” por su afición entusiasta a lucir modelos tan sofisticados como aberrantes y abigarrados. Para mí que ésta no se la perdonan. No que haya hecho argollas, sino que fuera vestida y peinada de esa manera tan vulgar.
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