Una esquela por Franco
Básicamente, una esquela por Franco un 20N es una imbecilidad. Lo cierto, es que el año que viene vamos para treinta y cinco años de la muerte del Caudillo de España, Capitán General y Generalísimo de todos los Ejércitos y algunos, todavía, se tienen que atragantar con provocaciones a modo de necrológica. Otros nos reímos en primera instancia y nos preocupamos en la siguiente.
Sería sorprendente poner sobre la mesa los datos de la relevancia que le dan los españoles a Francisco Franco. Hoy, la mayoría casi ni lo conocieron en vida. Y los que lo conocieron, casi en su totalidad habían pasado página. También se habían cerrado heridas de un pasado fratricida, hasta que llegó el lince de Zapatero con la ley de la memoria histérica, más que histórica. Desde entonces, se volvieron a radicalizar posturas ya superadas con el tiempo y con mucho esfuerzo. El esfuerzo por superar una guerra en la que quien se vio envuelto, la única culpa que tenía era la creencia de intentar dibujar un presente y un futuro mejor. El Gobierno de la transición y los sucesivos, junto al tiempo –que casi todo lo cura- forjaron una nueva España, una libertad sin ira, que cantara Jarcha. Pero como digo, hasta que llegó Zapatero y la montó. “Preocúpate menos de saber dónde están los huesos de tu abuelo y venme a ver más a mí” le decía en un asilo de ancianos un padre a su hijo durante los coletazos de la citada ley. Y es que al final se montó un rebumbio estúpido.
Lo que me inquieta es pensar qué demonios tienen en la cabeza quienes enaltecen y promulgan un régimen que coartaba las libertades de credo, pensamiento, expresión, reunión…, todas. Un régimen que fusilaba al amanecer ¿Qué pulula dentro de esas cabezas? Presiento que los más ancianos fueron bufones de la corte de entonces, y por lo tanto se beneficiaban, de alguna manera, de que todo aquel asqueroso sistema funcionara. Su objetividad se la tragó el abismo. Los más jóvenes son hijos de cuentos e historietas trucadas y sesgadas. Son hijos de la ignorancia y del vacío ético. Un fascista es alguien que no alberga la más mínima duda. Seguramente, como Carlomagno, Franco y otros tantos dictadores sólo dudaban de su divinidad cuando iban al váter.
Pero esto de las concentraciones, misas en el Valle de los Caídos y lo de la Plaza de Oriente, las manifestaciones antifascistas, etc…, se acabará en unos años. La historia reciente está aniquilando a los atroces y miserables dictadores por regímenes, al menos, más participativos.
Queda un gran camino por delante. Sobretodo en el continente africano. Me contaba Rosa García, presidenta de Microsoft en España, en una amena conversación que mantuvimos a las afueras de Sevilla, que África es el futuro. Que quizás no llegarán los ordenadores, pero que la tecnología llegará a través de la telefonía móvil. Y todo, se resumía en torno a que el continente esquilmado es el único que permanece hoy con garantías de desarrollo, y allí dónde existan posibilidades de desarrollo estará el capital. África más pronto que tarde será la diana del gran capital. Y esperemos que todo lo que conlleva el asentamiento del gran capital vaya acompañado de las libertades individuales ad hoc.
Y volviendo al principio una esquela de Franco me parece una imbecilidad de la relatada por Fernando Savater. Hoy me expreso con libertad en un medio plural. Al menos con la misma libertad y radicalidad con las que se manifiestan los fascistas. Espero que me perdonen si los ofendo. Ellos me ofenden a mí hasta las trancas y no me queda más remedio que perdonarlos.
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