Hay profesiones en este mundo dirigidas por grupos de presión. Grupos que se disputan la misma clientela. Catervas que no atienden a razones cuando rompen sus propias reglas y no tienen horizonte a la hora de llegar a los más sucios terrenos a la hora de competir o vengarse. Santa Cruz no es diferente. Y en su potente noche, económicamente hablando, son cuatro gatos los que se reparten el pastel. Un pastel que los ha hecho millonarios al amparo de algunas relaciones político-empresariales prácticamente indemostrables. Pero que cada vez más gente que pasea la noche percibe. Esto es un pueblo y muchos sabemos de las amistades de los aspirantes políticos o políticos en cargos decisivos, con –entre otras cosas- los ingresos torrenciales que se producen en el mismo centro de Santa Cruz. Quizás estoy loco, me lo estoy inventando o simplemente desvarío.
Pongamos por ejemplo la prostitución. En Santa Cruz existen grupos de presión que se distribuyen las zonas. Hay momentos en que la siempre desafortunada codicia logra que uno de los gángsters se extralimite de lo pactado a priori, e intente ir a más. Las consecuencias de la vendetta suelen ser encarnizadas. Cuentan que ocurre en las funerarias, en los feriantes, en los limpiacristales de los semáforos de nuestra capital y en el mundo del ocio nocturno.
Sobre estas cosas hay que andar con mucho cuidado –pero ya se empiezan a comentar-, porque los amos de la noche, los políticos de cierta alcurnia y los popes de los que habla ya en voz alta el presidente de la Federación Canaria de Ocio y Servicios (FECAO), José Antonio Santana, son capaces de utilizar las armas de más baja estofa para acabar con quien a penas insinúe que hay una brutal connivencia entre determinados políticos y empresarios de la noche. Favores bilaterales que a ambos benefician, y por sus actuaciones y triunfos los conoceréis. Es complicado explicar cómo algunos dueños de la noche optan a todas las oportunidades los primeros y caminan sobre alfombras de pétalos de rosas, mientras otros intentan lo imposible por abrir un garito y todo son pegas.
Hay algunos que no paran de crecer, que aspiran a controlarlo todo, pero no es nada nuevo, así funcionó Santa Cruz años atrás, donde dos lo controlaban todo y no dejaban ni que alguien nuevo abriera una mínima terraza de verano. Hoy siguiendo aquel ejemplo, nuevos ricos de la noche, desaforados entre sí, y frustrados en una competición de cuatro, han perdido el tino.
Ahora ha llegado a un gran local de ocio frente al recinto ferial, un empresario que procede de La Laguna, y que con todo el derecho del mundo, o no, intenta copar más. La guerra está armada. La calle de La Noria es un pastel muy apetitoso para que nadie más le hinque el diente. Son cuatro. Con las zonas marcadas, pero que quieren más y más. Lo quien todo.
Por otro lado, tenemos el resurgimiento de la noche de la Avenida de Anaga. Justo donde empezó la plataforma contra el ruido de Santa Cruz. Allí, un potente grupo, que vino de la plaza de toros, más algún propio han conseguido reunir a los quinquis de barriada más violentos. No hay fin de semana donde no se monte la pelea sangrienta, más brutal. La Unipol no para de entrar a saco para parar aquello. Pero el quinqui paga y vende.
Esta es parte de la historia de la noche santacrucera que da mucho de sí. Vamos, para un decálogo de artículos. Esto va sin nombres, pero es una reflexión en voz alta sin ánimo de hundir o poner bajo sospecha a uno en concreto. Yo no estoy con nadie. Yo estoy por denunciar unas relaciones que no me parecen honestas. Una noche perversa.
Qué pintan empresarios de pubs santacruceros con constructores y políticos. Yo los he visto. No se estaban saludando…, no son amigos…, pues por quizás mi mala intuición creo que estarían hablando de perras. ¿Y eso es malo? Pues depende. Lo que no es bueno es ver a determinados políticos departiendo casi a diario con el mismo grupo de empresarios, sin que tan siquiera ya, intenten el más mínimo disimulo.
Hay un personaje político que es valorado positivamente por un numeroso bloque de santacruceros, pero denostado curiosamente por su propia quinta ¿por qué? No hay que ser muy listo, lo han visto crecer y lo han visto moverse. No les gusta el caminar de la perrita. Y es que la mujer del césar no sólo tiene que ser buena, sino parecerlo.
En la noche santacrucera ocurre de todo. Como en tantas otras. Pero mal de muchos consuelo de tontos, y aquí a tontos muchos no jugamos. Bajo la luna chicharrera se monta un circo muy bien dirigido, donde los payasos se matan entre sí. Un mundo de resbaladiza ostentación de poder. Bajo la luna chicharrera la noche se torna perra, muy perra.