DE PAPEO. Comer por todo lo alto

23. octubre 2009

[Foto: Paradores.es] 

Comer por todo lo alto

El Parador del Teide ofrece una carta que mima el plato regional

Elblogoferoz/C. Ruano.- Cualquier excusa es buena para subir al Teide. Cualquier época del año, también. Da igual que se quiera disfrutar de la nieve, admirar los tajinastes en flor, encandilarse con la explosión de la retama o de la hierba pajonera o mirar al cielo y a las estrellas. Hay otra excusa, no menos importante, para subir al Teide y entrar en el Parador de Las Cañadas: su cocina.

Su plato estrella es el puchero canario, como no podía ser de otra manera en unos establecimientos que miman la cocina regional allí donde están ubicados. Eso sí, es recomendable degustarlo en invierno, cuando el frío alivia la digestión.

La cocina del Parador está al mando del chef Miguel Ángel Martín Bello, que elabora platos de pulcra presentación y exquisita degustación. En mi caso, un memorable revuelto de boletus, criadillas de tierra y trigueros; un exquisito confit de pato y un bacalao con salsa de anchoas que hace saltar las lágrimas sólo de pensar que la especie está en peligro de extinción.

 

Revuelto de boletus, criadillas de tierra y trigueros 

Uno de los atractivos del Parador de Las Cañadas del Teide es el personal. No sé si es un mal de altura, pero se te recibe con cariño y el trato es siempre amable, como en pocos sitios. En el caso del comedor, te hacen sentir como en casa, te hacen compañía –la justa- y hasta te arrancan una sonrisa para que saborear la comida sea un placer casi perfecto. La vista del Teide sólo pone el telón de fondo que hace de la comida un acontecimiento inolvidable.

La oferta de la cocina del Parador no se limita a los platos regionales, el conejo y las papas arrugadas, además del puchero, sino que amplía su carta a tres colectivos más. El de los niños, indispensable en un establecimiento hotelero, los celíacos y los vegetarianos, con un menú nada desdeñable y que va más allá del arroz y las hamburguesas de soja.

En cualquier caso, merece la pena darse una vuelta por allá arriba. Es una excursión para disfrutar de los cinco sentidos, incluido el oído porque no hay nada mejor para descansar que escuchar el atronador sonido del silencio.

 

Confit de pato

 
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