Dibujo: Eduardo González
‘Fly’ por dos euros
Seguramente fue culpa del incremento del precio del crudo del barril de Brent, no lo recuerdo bien, pero el caso es que de la noche a la mañana viajar en avión se volvió prohibitivo. Un tipo de Matalascabrillas de Arriba puede coger el tren o incluso viajar en su propio coche y si me apuran, hasta hacer excursiones en autobús, que es como se llama a la guagua en Matalascabrillas de Arriba. Pero en Tenerife, con el coche damos tres vueltas, con la guagua dos, un viaje en tranvía y una travesía hasta La Gomera y prácticamente se nos han acabado los horizontes turísticos y las ganas de viajar.
Pero casi al mismo tiempo que los billetes de avión se ponían por las nubes se inventaron las “low cost”, las compañías aéreas de bajo coste que ofrecían vuelos a unos precios tan bajos que en alguna ocasión llegué a pensar que así no despegaba ni el avión. No hace mucho nos escandalizamos con la pretensión de una aerolínea de transportarnos de pie, la misma que pretende –no sé si lo ha conseguido- cobrar cada vez que un pasajero pretenda orinar en pleno vuelo antes de reventarse la próstata.
En cualquier caso, esas ofertas de fly por dos euros suelen tener trampa y al final, no salen tan baratos como pensábamos. Veamos, usted compra un viaje chollo: Tenerife-Berlín por sólo seis euros y sin escalas. El día fijado se presenta en el aeropuerto de Los Rodeos con dos maletas y acude al mostrador de facturación.
La azafata, con amabilidad, le pregunta: ¿quiere facturar el equipaje?
- Sí, claro; responde usted.
- Son 7,5 euros por cada maleta, dice ella con voz cantarina.
- Pues entonces no facturo, contesta usted poniéndose chulo.
- Si no factura, no viaja, sentencia la azafata de voz cantarina. Su equipaje sobrepasa las dimensiones establecidas en la normativa internacional.
- Bueno, pues facture, transige usted mientras echa mano de la cartera.
- Le informo, añade la cantarina voz, que debe abonar además la tasa de uso de la cinta transportadora. Son seis euros según el último convenio laboral de los trabajadores de tierra del aeropuerto.
- ¿Y si no la pago?, se envalentona usted.
- Pues carga las maletas hasta el avión. Pero dudo que pueda embarcar porque está muy, muy lejos y no va a llegar a tiempo...
- Vale, cuánto dijo que era.
Aún caliente pasa los controles de seguridad y en cuanto por megafonía llaman a los pasajeros se presenta usted con celeridad en la puerta de embarque.
- ¿Va ir caminando o prefiere que le lleve la guagua?, le pregunta otra azafata.
- En la guagua.
- Son ocho euros.
- Pues entonces voy andando.
- No va llegar…
- Ya sé, está muy, muy lejos, reconoce mientras saca otra vez la cartera.
Una vez en el avión se acomoda en el primer sitio libre que encuentra y una azafata se abalanza sobre usted de inmediato.
-Tiene que abonar dos euros extra por ocupar un asiento de ventanilla.
- ¡Joder!, exclama.
- No se queje, la reconviene la azafata. Los de la puerta de emergencia pagan seis euros.
- Y por usar el cinturón de seguridad, que es obligatorio -le recuerda con retintín-, son tres euros más.
Por fin el avión despega y una vez alcanzada la velocidad y la altura de crucero, se levanta para ir al baño. Eso le pasa por beberse tres litros en el aeropuerto para no pagar la botella en la aeronave. Pero por más que maniobra, la puerta no se abre.
- ¿El baño está estropeado?, pregunta a la azafata.
- No, tiene usted que meter una moneda de dos euros en la ranura.
cruano@elblogoferoz.com
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