Gana la banca. Por Carmen Ruano

10. julio 2009

 

Gana la banca
 
Estaba abatida, sopesando los pros y los contras de darme de baja en el digitalplus o apuntarme en el Registro Inconmensurable de Personas Con Verdaderos Problemas para llegar a Fin de Mes, y como no encontraba mejor forma de sobrellevar la situación decidí encender la tele para pasar el mal rato en compañía de los protagonistas de un drama peor que el mío, de los que abundan en la llamada caja tonta. El caso es que, seguramente porque tengo el mando lleno de esparadrapo y los canales saltan a su aire, en la pantalla se me apareció el Papa Benedicto y dijo: “los bancos caen; sólo la palabra de Dios es estable”. Y acto seguido los canales volvieron a saltar a su aire y apareció un documental sobre las técnicas para doblar el bambú en Vietnam y alrededores.

No conseguía dar con el canal de los dramas lacrimógenos y a punto estaba de perder los nervios y la dignidad cuando recogí del buzón una propaganda de los seguidores de la Iglesia Recofortante del Séptimo Día y Fiestas de Guardar y caí en la cuenta del verdadero significado de las palabras de Benedicto. Inmediatamente apagué el televisor fui a la biblioteca, encontré la Biblia y la abrí por la sección Milagros. Allí estaba el episodio en el que Jesucristo se hace con cinco panes y dos peces, levanta los ojos al cielo y comen y se sacian unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños, según la versión del texto bíblico.

Así que me fui a la cocina, tomé dos latas de sardinas, tres paquetes de macarrones, la cesta de las papas, un trozo de calabaza, dos lechugas y siete tomates y elevé los ojos al cielo, imploré una bendición divina, cerré los ojos… Y al abrirlo seguían las cosas como estaban. Quizás me había excedido, así que retiré las lechugas, los macarrones y la calabaza y repetí la operación. Tampoco funcionó. Dejé las papas y las sardina, que al fin y al cabo resuelven más que los tomates y los macarrones, elevé los ojos al cielo de nuevo, juré convertirme al catolicismo, luego juré no jurar en vano, no desear a la mujer del prójimo y no mentar el nombre de Dios en vano y volví a cerrar los ojos. Nada.

Me estaba bien empleado por mi ateísmo crónico. Nunca podría salir del Registro Inconmensurable de Personas Con Verdaderos Problemas para llegar a Fin de Mes, así que volví a la tele, le día al mando y apareció el telediario. En ese momento, ZP anunciaba la creación de un fondo de 30.000 millones de euros para comprar activos sanos de entidades financieras. Más adelante, el Banco Central Europeo ponía a funcionar la máquina de hacer billetes para darle cuartos y solvencia a bancos y cajas. Caí de rodillas y me volví más atea que nunca. Hasta en los milagros siempre gana la banca.

cruano@elblogoferoz.com


 
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