FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Imagina un país… | Francisco Pomares

Foto: El Anillo de Moebius.

Cierra los ojos, deja de pensar en lo que crees que ocurre o te dicen que ocurre e imagina un país diferente, distinto al nuestro.

Imagina, por ejemplo, un país avanzado, admirado en todo el mundo durante años por haber logrado pasar de la dictadura a la democracia, sin deshacerse, pero ahora un país donde el Gobierno cambia las leyes para adaptarlas a sus necesidades de Gobierno: se hace desaparecer el delito de sedición, por la vía de reforma legal urgente, alegando que no existe en otros países del entorno próximo y hay que normalizar las leyes con ellos. Vale. Pero a nadie se le pasa por la cabeza incorporar el delito de ‘alta traición’ que es el que sustituye al de sedición en esos países en los que no existe el de sedición.

Imagina, ya puestos, que el Gobierno no sólo quita el delito de sedición, también reforma el de malversación, para que los tipos que se gastaron la pasta de los ciudadanos y la tuya y la mía en comprar urnas de plástico en China para organizar un referéndum secesionista ilegal, puedan volver a presentarse sin problemas a las próximas elecciones, limpios de polvo, y paja, y antecedentes, a pesar de haber sido condenados por el Tribunal Supremo.

Imagina un país donde se ha producido desde las instituciones de uno de sus territorios, un intento organizado de violentar la Constitución y partir el país en dos. E imagina que hay un político joven, heredero de una tradición política socialdemócrata y nacional que promete durante una campaña electoral –que no consigue ganar-, que jamás indultará a quienes condenó el Supremo. Y acaba convertido en presidente del Gobierno en una moción de censura contra otro presidente, gracias a los votos de los que representan a los condenados, y acaba necesitando su apoyo y acaba también por indultarlos, aunque a una parte importante de sus propios votantes eso les parezca una pura felonía.

Sanchez saluda a la bandera de Cataluña al llegar a la Generalitat
Aragones se niega a posar con la bandera española tras el cabezazo de Sánchez a la senyera.

Imagina que explica que lo hace para acabar con el conflicto que divide a los ciudadanos entre quienes apoyaron la secesión y quienes no lo hicieron, porque hay que dialogar. Y que mientras él incumple su palabra e indulta a todos los sediciosos, y dialoga con ellos, estos siguen despreciando con absoluto descaro las leyes del país, desafían a los padres que quieren que sus hijos cursen parte de sus estudios en la lengua común del país y nadie les pide cuentas. Porque en ese país imposible del que hablamos, una maestra puede expulsar de clase a todos sus alumnos y negarse a instruirles porque algunos chicos han colocado la bandera nacional en clase para animar a la Selección nacional. E imagina que las autoridades de Educación (una competencia descentralizada en ese país, para desgracia de ese país) defienden a la maestra, aplauden su actuación y explican que la pobre está siendo amenazada por haber hecho lo que tenía que hacer.

Pero hay más que imaginar: imagina que para seguir gobernando, el joven político del que hablamos necesita también el apoyo de los albaceas de una banda de energúmenos terroristas que asesinó a casi un millar de ciudadanos –muchos de ellos compañeros del joven prócer que gobierna el país- y éste decide gobernar con los herederos de esa banda, en otro territorio del país, para conseguir que le apoyen. Y lo logra. Y mientras gobierna con sus votos, los herederos proclaman que ha llegado el momento de romper el país. Y el sigue sonriendo. Y sus mayores le reclaman que cambie. Y él los expulsa de su partido, demolido desde hace años para que él siga haciendo lo que quiera.

Y si todo eso no te suena, si no te parece que ha llegado el momento de imaginar otro país distinto, de pensar en algo diferente y mejor, entonces imagina un país en el que el Gobierno celebra ceremoniosamente el aniversario de la Constitución, mientras los socios del Gobierno queman ceremoniosamente ejemplares de la Constitución en las calles y plazas del país. Y si con eso no te vale tampoco para pensar que algo está funcionando rematadamente mal y hay que cambiarlo, entonces es que estás muy mal de la cabeza. O que el Gobierno te ha comprado o enchufado.

 

Fotos: El Anillo de Moebius.

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