FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | JB | Francisco Pomares

Pero eso no viene al caso. Si viene que ayer no pude ir a su homenaje o lo que fuera, porque estaba yo haciendo el idiota en otra cosa. Por supuesto que me excusé, pero confieso que me alegré de tener amparo para el escaqueo. No porque no me apeteciera aplaudirle, escuchar el sentido recitado de su cursus honorum que le dedicó Chicha Arozarena y tomarme luego un par de tragos sin necesidad ninguna.

Me alegré porque hoy, en el desayuno, podré por fin presumir de haber hecho algo que él también habría querido hacer y no hizo. En fin, por acabar esta tira sin repetirme, voy a contarles algo básicamente intrascendente. Cuando yo era muuuuy joven publiqué un libro en el que salía en la solapa bien repeinado (tenía pelo entonces, encima de la cabeza) y acariciando como a mi gata (Isabel, se llamaba) y él escribió una columna muy simpática, ingeniosa y precisa que tituló algo así como ‘Un tipo con un gato’ en la que alababa mi impostada pose de Corleone mucho más que mi libro, o eso me pareció. Desde entonces siempre he querido hacer lo mismo, devolverle aquél cumplido suyo por peteneras, y esperar además a que me pague sin rechistar el cortado.

Y si algún lector pensaba que tendría hoy la decencia de hablar de JB, de su discurso de agradecimiento con las manos en los bolsillos, y no de mis tres mil desayunos con él, ya sabe lo que hay. Él es de Güímar: café con leche (a veces dos) y pulga secreta al colesterol. Yo siempre descafeinado, de máquina y con sacarina.

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