FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Un regalo injusto | Francisco Pomares

Yo debía tener unos diez años, quizá uno más. Mis padres habían realizado un viaje de larga distancia, creo que a Bélgica, y a la vuelta se trajeron una bicicleta estupenda, una BH plegable, que en aquella época debía ser la repanocha. No se cómo dieron con una bicicleta fabricada en Eíbar (ahora se hacen en Portugal y China) durante un viaje a Bélgica, ni nunca me pareció especialmente raro. Lo que me dolió fue que se la regalaran a mi hermana mayor, debía ser su cumpleaños o algo así, porque no era frecuente en mi familia que se hicieran regalos tan importantes porque sí. Mi hermana (la segunda) y yo iniciamos desde ese mismo momento una enorme presión para conseguir también tener bici, y al final mi padre –poco amigo de privilegios, pero menos amigo aún de despilfarrar- decidió comprar en el rastro dos viejas bicicletas hechas polvo que nunca nos parecieron a mi hermana (la segunda) y a mí compensación suficiente por la afrenta sufrida.

He recordado esta amarga frustración de final de mi infancia –sólo quien aún era un niño cerca del comienzo de los 70 puede saber lo que representaba tener una bici entonces, casi como hoy un iphone último modelo-  a cuenta del REF copiado del nuestro (incluso en su literalidad) que Sánchez le ha regalado a Francina Armengol, la presidenta de Baleares. Y es que estoy convencido de que el REF balear, incorporado a la zorruna en la Ley de Presupuestos de 2023 es un regalo excesivo, injusto, probablemente incumplible, que Sánchez le ha hecho a su presidenta favorita, básicamente para que venda electoralmente a sus empresarios el éxito de una RIC calcada de la nuestra. Un éxito de muy corto recorrido, pienso: y es que en este mundo de trampantojos y cortinas de humo en que hemos convertido la política española, el Gobierno ha aprobado una fiscalidad para Baleares que establece ayudas de Estado, sin que se den las excepcionalidades que puedan justificarla. Al contrario de lo que ocurre con Canarias, donde la renta per cápita y el PIB son inferiores al 75 por ciento de la renta europea (y eso contando a los países del Este), el de Baleares es de los más altos de España. Tampoco se encuentra Baleares en la ultraperiferia de nada: está a media hora escasa de avión desde Barcelona o Valencia, felizmente ubicada en el Mediterráneo. Sin que exista lejanía ni pobreza, es difícil que la Unión Europea pueda permitir que Baleares reciba ayudas de Estado. Eso implicaría cambiar sus políticas en un momento especialmente delicado, y eso no va a ocurrir. A Baleares le va a durar la fiscalidad del REF que le ha regalado Sánchez, más o menos de aquí a las elecciones regionales. Armengol podrá vender como un éxito de su Gobierno la RIC otorgada por el Gobierno Sánchez, pero no va a aplicarse nunca. Porque Bruselas no va a permitirlo.

Yo no gastaría ni una gota de saliva criticando a Armengol. Quienes merecen crítica son el presidente Sánchez, por predicar una igualdad que aplica tratando igual a los desiguales, y sobre todo al PSOE canario y sus satélites en el Gobierno, que mantienen un discreto y prudente silencio sobre este abuso, mientras cantan las excelencias de un presupuesto que nos maltrata. No sólo porque –como suele ser- no cumple con la distribución de recursos que por ley –la ley del REF- nos toca. También porque el regalo de esa RIC balear fusilada sin complejos de la nuestra, quizá no pase nunca de simbólico, pero los símbolos –si humillan, agreden y favorecen a los más ricos frente a los pobres- son también una forma intolerable de injusticia. Que Ángel Víctor Torres no abra el pico para protestar demuestra hasta qué punto se estilan hoy el servilismo y la cobardía.

No hace muchos años, antes de que nuestras instituciones, patronales, sindicatos y universidades fueran narcotizados por el maná del dinero público, el anuncio de un regalo como este habría provocado una respuesta social capaz de poner en aprietos al Gobierno. Ahora, para nuestro pesar, la respuesta no ha pasado de alguna muy educada queja de segundón. Más que de Gobierno de las islas, el de Canarias ejerce de sucursal monclovita.

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