FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Drago de Honor para el Centro de Salud de Icod de Los Vinos | Salvador García Llanos

El 2020 será recordado como el año en que un virus sacudió al mundo entero. Su velocidad de propagación, letalidad y la particular afectación de las personas mayores y personas con enfermedades crónicas no transmisibles, sometió a los sistemas de salud a una presión inédita, saturando los servicios de tratamiento intensivo.

Como respuesta, los servicios de salud adoptaron medidas urgentes, con el fin de evitar concentraciones de usuarios, readecuar espacios físicos y redireccionar personal de salud desde diferentes áreas hacia los servicios de atención a personas contagiadas o con sospecha de estarlo.

A raíz de esas medidas, necesarias y pertinentes, se redujo la atención en policlínicas, centros hospitalarios y servicios descentralizados, se suspendieron consultas y actos quirúrgicos programados. Fue interrumpida la atención de personas con enfermedades crónicas no transmisibles o que padecen otras patologías, los controles de mujeres embarazadas y los pediátricos, inmunizaciones y la realización de exámenes de diagnósticos o de control.

Hacia adelante, con esa evidencia, y lejos aún de contar con una vacuna efectiva y accesible para los siete mil millones de habitantes del mundo, se abre paso al escenario de la llamada “nueva normalidad” donde convivirán los procesos de reactivación social, económica y cultural junto con el COVID- 19.

Este escenario requiere –según la doctora Diana Pinto, especialista líder de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), docente e investigadora- una mirada estratégica para aprender de las carencias y fortalezas de los sistemas de salud evidenciadas con la pandemia, así como de las respuestas implementadas, de cara a atender los rebrotes del COVID-19 que surjan, la eventual aparición de nuevos virus y muy particularmente, para no desatender patologías menos mediáticas y altamente mortíferas.

En ese tránsito a la “nueva normalidad” los sistemas de salud tienen un papel fundamental, tanto por las recomendaciones que impartan al conjunto de la sociedad, como por las medidas que adopten para reactivar y consolidar su propia red de servicios.

Convenimos en que la salud en sí misma puede ser un pilar sólido de cualquier economía. Un sistema de salud fuerte y equitativo no sólo ofrece una mejor salud para la gente, sino que también trabajos seguros. Ayuda al país a sobrellevar de mejor manera las crisis económicas y estar preparados para responder a catástrofes o emergencias, además de contribuir a la justicia y estabilidad sociales. Reconocer la importancia de los profesionales de la salud y el llamado para invertir en la fuerza laboral son cruciales para lograr el objetivo de cobertura universal de salud y los instrumentos para facilitar a las empresas su transición a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Y ya que los mencionamos, habrá que recordar brevemente el tercero de ellos: garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades. Actualmente, el mundo sigue enfrentado a una crisis sanitaria mundial sin precedentes: el Covid-19 ha propagado el sufrimiento humano, ha desestabilizado la economía mundial y ha cambiado drásticamente las vidas de millones de personas en todo el mundo

Es verdad que antes de la pandemia, se consiguieron grandes avances en la mejora de la salud de miles, de millones de personas.  En concreto, estos avances se alcanzaron al aumentar la esperanza de vida y reducir algunas de las causas de muerte comunes asociadas con la mortalidad infantil y materna. Sin embargo, se necesitan más esfuerzos para erradicar por completo una gran variedad de enfermedades y abordar un gran número de problemas de salud, tanto constantes como emergentes. A través de una financiación más eficiente de los sistemas sanitarios, un mayor saneamiento e higiene, y un mayor acceso al personal médico, se podrán conseguir avances significativos a la hora de ayudar a salvar las vidas de millones de personas.

Las emergencias sanitarias, como la derivada del COVID-19, significan un riesgo mundial y han demostrado que la preparación es vital. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo señaló las grandes diferencias relativas a las capacidades de los países para lidiar con la crisis generada por el virus y recuperarse de ella. Puede decirse ya que, en efecto, la pandemia constituye un punto de inflexión en lo referente a la preparación para las emergencias sanitarias y la inversión en servicios públicos vitales del siglo XXI.

Más allá de respiradores y mascarillas, o tapabocas, la reactivación de servicios de salud requerirá combinar instrumentos, que posibiliten mejorar la calidad de los servicios, generar eficiencia en los procesos, favorecer la comunicación con los usuarios al tiempo que evitan traslados innecesarios en los servicios, minimizando los riesgos de contagio de usuarios y del personal de salud.

El escenario requiere una mirada estratégica para aprender de las carencias y fortalezas de los sistemas de salud evidenciadas con la pandemia, así como de las respuestas implementadas, de cara a atender los rebrotes del COVID-19 que surjan, la eventual aparición de nuevos virus y muy particularmente, para no desatender patologías menos mediáticas y altamente mortíferas.

En ese tránsito a la “nueva normalidad”, los sistemas de salud tienen un rol fundamental, tanto por las recomendaciones que impartan al conjunto de la sociedad, como por las medidas que adopten para reactivar y consolidar su propia red de servicios.

En ese inmenso engranaje, el motivo que nos trae aquí esta noche es glosar la trayectoria del Centro de Salud de Icod de los Vinos, dirigido por el doctor Pablo Estévez, un profesional sobre todo, humanista. Un médico humanista, de esos que transmite confianza al paciente, o lo que es igual, de esos a los que el paciente visita con seguridad y sin temores, seguro de que va a sanar o sentirse mejor. Dejémoslo ahí pues podríamos contar numerosas situaciones en las que pudo ser contrastada su probidad.

El doctor Estévez encabeza el equipo humano que esta noche recibe el Drago de Honor, esa original escultura del artista Moisés Afonso que distingue una trayectoria acreedora de reconocimiento público. El presidente del CIT ya resumió la dotación y las prestaciones del Centro de Salud. Nos gustaría añadir que ese galardón simboliza la entrega y la abnegación de los profesionales sanitarios que allí trabajan.

Nos vienen a la memoria aquellos días del confinamiento, cuando desde las ventanas y los balcones de las casas, la gente, personas de todas las edades, salían a determinada hora a aplaudir. Era una manera sencilla de dar las gracias a quienes luchaban contra un virus mortífero; era reconocer, cuando la Organización Mundial de la Salud se esforzaba en obtener y disponer de vacunas específicas, que al otro lado de la delgada línea que separaba la salud del contagio, había un personal sanitario que, literalmente, dejaba de dormir y coleccionaba horas extra para que en quirófanos, unidades de cuidados intensivos, habitaciones y hasta en pasillos, la vida no se apagara.

El pueblo icodense también dedicaba aplausos, lo primero al alcance para corresponder a esa dedicación y a ese celo profesional que explicaban por sí mismos la pericia y la solvencia que una entidad prestigiosa como el CIT, en su anual y ya clásica conmemoración del Día Mundial del Turismo, viene hoy a reconocer.

Aquellas horas y aquellas fechas interminables fueron para todo el personal del Centro de Salud de Icod de los Vinos un ejercicio de sacrificio y abnegación. Horas amargas que también sirvieron para practicar la solidaridad y el consuelo. ¡Lo que debían gratificar aquellas palabras dichas con ánimo estimulante! Palabras que terminaron formando parte de las terapias aplicadas a los cuadros y los diagnósticos de pacientes que echaron, sin excepción, mucho realismo a la situación que debían afrontar, sobre todo para evitar la propagación del virus.

Pronto comprendieron que la pandemia era mucho más que una crisis sanitaria. Por eso, no regatearon esfuerzos para atender a contagiados y, en definitiva, para salvar vidas. Se requería una respuesta global de los poderes públicos y de la sociedad en su conjunto, equivalente a la determinación y el sacrificio de los trabajadores sanitarios en primera línea. La respuesta existió, también en Icod, con su planificación, su seguimiento y sus protocolos.

Y otro aspecto, del que no queremos olvidarnos: la comunicación. Muchos profesionales vivieron por primera vez un fenómeno en el que era determinante comunicar, transmitir al paciente y a sus familiares y allegados lo que procediera. Era esencial para reactivar los servicios y generar confianza en la población. Utilizando diversos medios y formatos y dirigida a diferentes públicos, los profesionales sanitarios debieron informar sobre la pandemia (evolución, medidas adoptadas) y abordar “empáticamente” sobre los temores al contagio, los efectos del aislamiento en la salud mental y la desconfianza hacia nuevas modalidades de atención (telemedicina), entre otros.

El Centro de Salud de Icod de los Vinos dio toda una lección en esos campos. El Drago de Honor que recibe es el reconocimiento a muchas cualidades, principalmente las que tienen que ver con las relaciones humanas labradas en tiempos difíciles. Entre las enseñanzas que nos deja la pandemia, figura el que los sistemas de salud deben proporcionar un tratamiento libre de obstáculos, de acceso equilibrado y eficaz a los pacientes, al tiempo que deben considerar cuidadosamente los determinantes sociales de la salud. En esos sistemas, los médicos trabajan en un equipo de salud en el que cada profesión o sector coopera en su dominio de práctica y con respeto por la experiencia de los otros miembros del equipo.

Un trabajo en equipo, conscientes de que ello permite ser mucho más eficientes en el desempeño. Un antiguo proverbio etíope nos enseña el valor de esa tarea en conjunto. “Cuando las arañas tejen juntas pueden atar un león”, es el texto del proverbio que refleja el valor del poder incrementado desde la colectividad. La unidad es la fuerza y la obtención de hechos que parecían inaccesibles está al alcance a poco que se utilice con raciocinio y dosificación adecuada. Ahora se trata de que las ataduras respondan.

Nuestra felicitación, que se suma a todos los icodenses que hoy quieren compartir este sentimiento después de las exigencias y los sinsabores que afloraron en la pandemia. De su Centro de Salud, antes y ahora, pueden sentirse orgullosos.

(Texto leído anoche en el Casino Centro de Icod durante el acto de entrega del Drago de Honor, convocado por el Centro de Iniciativas y Turismo de la localidad)

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