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OPINIÓN | Religión del artículo 44 | Pablo Zurita

Preguntar y sonreír. Para comprender y ser feliz. No hay más. La filosofía definitiva para andar por la vida. Permita que los demás piensen que usted es idiota, como el personaje idiota de Murakami. Consiga que los demás saquen su propias conclusiones, no desmienta, déjese salvar, todos quieren salvar al pobre idiota.

-Nadie quiere ser el idiota.

Mera inseguridad. En realidad todos quisieran ser el idiota feliz que sonríe que no arrastra todos esos problemas que ellos sufren y que les impiden ser felices. No basta con parecer idiota, recuerde, importante sonreír.

-Mmm.

Pregunte, no tenga miedo. Usted no me entiende pero no pregunta, piensa que va a ser tildado de idiota. Recuerde que eso es algo bueno. Preguntar permite dominar la conversación, llévela a donde usted quiera. Compruébelo, una pregunta abierta y verá como su interlocutor se esmera en responder. Pensará que usted es idiota pero no podrá evitar esa sensación de verse superior.

-Nadie quiere hablar con un idiota.

Discrepo con el debido respeto. A todos les encanta esa superioridad. Usted les caerá bien, hará amigos, tendrá más vida social. Cualquier no-idiota quiere tener a un idiota a su lado. Acuérdese de sonreír, sonreír hará de usted un ser irresistible.

-Usted me trata a mí de idiota.

Haga la prueba. En el entorno laboral una conducta altamente eficiente. El idiota «de verdad», ese al que se refiere el artículo 44 del Estatuto de los Trabajadores, si es un igual se alejará de usted para evitar ser preguntado y quedar en evidencia, y si es un superior le dejará hacer por idéntico motivo. Los jefes idiotas son una catástrofe para el negocio pero una bendición para quienes practican esta religión.

-Pero si fuera idiota “de verdad” no sería jefe.

Haga una encuesta, hay muchos. Exagero, en realidad no es necesario hacer una encuesta, use el método: un par de preguntas, sonría y ahí está. Descubrir que tu jefe es idiota «de verdad» es una mala noticia para tu carrera profesional pero una bendición para que no te dé la lata. Un jefe idiota «de verdad» no sabe que lo es. Consiga que piense que usted sí, no se sentirá amenazado, le dejará hacer.

-Y si me junto con otro que también pregunta y sonríe.

Pasará usted un buen rato, pida dos cañas y sea feliz, que de eso se trata.

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