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OPINIÓN | Hasta luego, Ana Blanco | Salvador García Llanos

Ha sido el rostro de las noticias en Televisión Española durante más de treinta años. Ana Blanco pone el punto final que, en realidad, es un hasta luego porque, según se informa, seguirá en la corporación con un  nuevo programa ligado a la actualidad de cuyos contenidos se conocerán más detalles mediado el mes de septiembre.

Pero es el fin de una era en Televisión Española. Blanco (Portugalete, 1961), una de las caras inconfundibles de la televisión pública, ha acompañado a los españoles durante tres décadas en las que lo ha hecho prácticamente todo con una profesionalidad admirable.  Sin embargo, la periodista comenzó en la radio, concretamente en Los 40 principales y Radio16, donde presentó un programa cultural con Agustín Bravo.

En 1990 se lanzó a su primera aventura en la pequeña pantalla, en el programa La guía de Telemadrid, aunque su andadura en la cadena autonómica duraría poco. En septiembre de ese mismo año, TVE organizó un casting para captar caras nuevas, al que Blanco se presentó convencida por una amiga. El 11 hizo la prueba y el 15 de septiembre ya debutaba en la mesa del Telediario del fin de semana. Desde ella, Blanco saltó al Telediario de mediodía, donde estuvo 22 años al frente del formato de manera ininterrumpida. En 2013, pasó a encabezar el informativo de la noche junto a Marcos López Desde 2018, la periodista volvía a estar al frente del TD1 de las 15:00 horas, del que se despide ahora. Recordemos que entre 2007 y 2009 copresentó uno de los formatos más representativos de la televisión pública, Informe semanal, y también se encargó durante un tiempo de Tengo una pregunta para usted.

Después de treinta y tres  años en la cadena, Blanco ha presentado todo tipo de coberturas y especiales como varias elecciones generales y autonómicas, los nombramientos de los papas Benedicto XVI y Francisco I o los atentados del 11-M. La periodista también se encargó de presentar el informativo más largo de la historia de TVE, el de los atentados terroristas del 11-S. Blanco estuvo en directo desde las tres de la tarde hasta pasadas las diez de la noche.

Ana Blanco se encargó también de programas especiales como la inauguración de la Expo ’98, la boda de Felipe y Letizia o la victoria de España en el Mundial de Sudáfrica. También ha moderado debates electorales y ha entrevistado a Pedro Sánchez, Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero.

Su trayectoria y profesionalidad han hecho de ella un rostro valorado por los ciudadanos y prácticamente un icono. De hecho, no es extraño que el nombre de Ana Blanco se cuele de vez en cuando en redes sociales para aplaudir la labor de la presentadora o para destacar cómo consigue salir del paso de cualquier situación.

La periodista, que hizo historia al conducir por primera vez un programa empleando únicamente tecnología 5G, es una cara familiar para decenas de generaciones. En enero de 2021, la dedicamos una entrada cuyo contenido nos agradeció por medio de juan Cruz Ruiz. Escribimos entonces:

TVE hizo ayer un auténtico alarde informativo. A la hora que escribimos, desconocemos la cuota de audiencia que registró, en la primera edición del Telediario y en la cobertura de la investidura de Joe Biden, pero hechos como el de ayer no se miden: se paladean. Es el buen periodismo, la profesionalidad, lo que prima. Algunos estuvimos ante la pantalla más tiempo en un solo día que durante semanas o meses.

Y en el alarde, brilló Ana Blanco conductora del informativo durante más de treinta años. Lo que es el dominio ante la cámara. Lo acreditó desde que saltó la noticia de la explosión en una calle de Madrid, en pleno Telediario. Casi ni se inmutó para interrumpir el relato de lo que sucedía en las horas previas a la investidura y ofrecer las primeras imágenes y las primeras informaciones desde el lugar de los hechos, incluso preguntando si su interlocutora era periodista. Con naturalidad, sin estridencias ni tonos alarmistas, fue dando continuidad a un hecho que merecía toda la atención informativa. Y fue dando continuidad a la sucesión de informaciones y testimonios que se concatenaban para ir moldeando un tratamiento que atraía. Con rigor y con credibilidad. Allá los americanos con lo suyo, en este caso, las jugosas horas previas del ceremonial-espectáculo que se avecinaba. Allí, en la capital de España, se vivía un drama, un trágico suceso: estaba ocurriendo y Blanco, a medida que llegaban imágenes y palabras de personas o testigos que ofrecían sus primeras impresiones, improvisaba e imprimía el ritmo mesurado y continuista indispensable para ganar credibilidad hasta que algún responsable ofreciera datos concretos. El Telediario se alargó, como no podía ser de otra forma, y la locutora se lució con aplomo…”.

Ahora, treinta años después, tenemos que empezar a acostumbrarnos: los Telediarios sin Ana Blanco. Hasta luego.

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