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VIAJES | Cuatro marcas, un naufragio y alguna atalaya que otra…Zahara

EBFNoticias | Willy Sloe Gin |

“En la Ensenada de Zahara existe una milla medida con una longitud de 3.490,219 metros, determinada por dos enfilaciones formadas por cuatro marcas.

Estas marcas son cuatro pilares, de cemento y ladrillos las dos del N y cemento y piedras las dos del S.

La marca exterior del norte está situada en un pequeño altillo de la Playa al sur del poblado de Zahara de los Atunes, a unos 50 metros de la esquina SW del antiguo edificio de la Almadraba.

La interior se encuentra a 497,63 metros de la anterior, en las proximidades de una cerca de alambre de espino que limita unos terrenos de labor.

La marca interior del Sur está situada en la ladera Norte de la Sierra de Enmedio, a unos doscientos metros de la Casa Cortijo de Caballería. La exterior se encuentra a 397 metros hacia la playa de la Marca anterior…

…En las proximidades de Zahara, en situación aproximada, latitud 36º 07’ 48’’ N y longitud 5º 51’ 00’’ W, existe un naufragio del que vela parte de la cubierta en bajamar…”

Sólo los antiguos saben el significado de estas marcas.

Cuatro pilares engullidos por el crecimiento de Zahara, por su turismo de alpargata y olvidadas por las generaciones presentes que siquiera han reparado en su presencia.

Cuatro referencias para las gentes de la Mar.

Con su ayuda sabían el lugar exacto para armar Almadrabas, Jábegas, Espineles y sobre todo, guardarse de los peligros de allá afuera.

Seguirían viéndose de no haber sido absorbidas por construcciones infectas, desordenadas y en el peor sentido de la palabra, modernas.

A pesar de la fealdad que las rodea, con ojos sabios, puede vérselas todavía.

Se niegan a dejar de ser lo que fueron antaño.

A la vera de una de aquellas marcas trabajó, hace ya muchos años Don Manuel Salvatierra, mientras su hermano espantaba moscas barbateñas en la lonja que le había tocado en suerte.

Asomado al final de mi aventura, a tanto faro, recuerdo ahora a todos los que de alguna forma la han compartido. Y pienso en todas esas gentes orgullosas de lo suyo y de otras que han saltado al presente ignorando tradiciones pasadas.

Muchos pueblos he cruzado plagados de carteles anunciando la inmediatez de su Faro.

Y otros tantos donde nadie sabía situar estas maravillas…

En Zahara no hay Faros.

No importa.

Al Oeste tiene a Trafalgar y Torregracia al Este.

Arropada por estas dos bellezas tiene otras maravillas que no merecen la negación de su importancia, la de caer en el olvido.

Atalayas. Hermanas menores o mayores de los Faros. Grandiosas en su pequeñez. Su simpleza es parte de la historia de Zahara.

A esta nueva oleada de conquistadores modernos no parecen importarles vientos y mareas, azules y esmeraldas, sierras y mares.

O quizá sí.

Turismo que se informa denonadamente sobre nuestro viento mágico y majestuoso que es el Levante.

Será seguramente para tener la certeza de cuando bajar a la playa y allí, coserla a sombrillazos. Sombrillas de colores, obscenas, infectas.

Y las clavarán en esa línea invisible que separa la arena húmeda de la muerta, hiriéndola con sus peores armas.

Con la zafiedad y la ignorancia…

Todos disfrutan a una misma hora, aquella  en que la Luz es tan intensa que no permite distinguir matiz alguno. Luz hirviente de mediodía.

Así que rodeados de toallas con colores imposibles, fiambreras, tortillas cuajadas o secas, y naranjas de limón, son felices en nuestras costas.

Sin entender de vientos, de historia y sin haber mirado jamás las Cuatro Marcas que a algunos, nos hacen mirar hacia atrás con orgullo.

Borbotones de gente que han sido y son, más que el progreso, la perdición de Zahara.

Pero es que además hay una quinta marca.

Quinto Elemento imposible de definir porque nadie sabe de su esencia.

(Algunos zaratunenses, sí…)

Marca en la Mar, de hierro. Hierro cubierto por mejillones que cortan como las navajas de aquellos barberos, que lo mismo te rasuraban la tez que te arrancaban de cuajo “la del juicio”.

Esta quinta Marca es el Vapor.

Barco hundido allá por mil novecientos y poco.

Fue nuestro mar de juegos siendo niños.

Trepábamos a su caldera seguros de acabar heridos, para luego saltar al agua con estilos discutibles. Todos auténticos y muy distantes de la estética.

Era el Vapor de los niños.

Nuestro a partir de la festividad de la Vírgen del Carmen, que antes no nos dejaban arrimarnos a la playa.

Muchos carteles advierten en la actualidad del peligro que tiene nuestro barco.

Acotado por bollas de mil colores para que ningún temerario ose acercarse a Él.

Sé que nos echa de menos como nosotros a Él.

Nos han prohibido acercarnos a su lomo, a sangrar en su piel…

Será porque algún porteador de sombrillas se ha dejado la vida en su proa o en su popa.

Nunca tuvimos problemas con el Vapor.

Nadábamos hacia sus dominios para treparlo y saltar desde su cubierta.

Y vuelta a empezar.

Teñíamos de sangre adolescente aquellas aguas por los muchos cortes.

El Vapor nos dejaba poseerlo a cambio de un pequeño precio.

Eran aquellas heridas, medallas otorgadas por la Mar y por el Barco a nuestro valor.

También se ha perdido nuestro naufragio para todo el que lo ve sin saber mirarlo.

Para nosotros no.

 

Que algunos soñamos con aquellas cuatro Marcas, con el Vapor y con esas sangres primeras que convencidos, regamos por su cubierta.

Sangres zaratunenses…

¿Dónde queda la Atalaya?

Madre de faros, luces y misterios.

Pudiera ser la de Guadalmesí u otra cualquiera.

Con  el tiempo, pienso en la “compaña” vestida en moto.

Me acompañó en este viaje una Nine T.

Miles de kilómetros por carretera y otros tantos por las arenas de mi Tierra.

Moto perfecta para Fronteras Imperfectas.

Sin esta BMW, las cosas hubieran sido otras.

 

 

Willy Sloe Gin

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