FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Plantón | Francisco Pomares

Todos los diputados de Podemos en el Parlamento de Canarias, incluyendo la consejera Noemí Santana, decidieron ayer dar plantón, y no participar en la conmemoración del 40 aniversario del Estatuto de Autonomía, en respuesta a la decisión de la presidenta del Congreso, la catalana Meritxell Batet, de no recibirles. Los cuatro diputados podemitas solicitaron ayer a toda prisa un encuentro con Batet, para manifestarle su rechazo a la retirada hace ya más de medio año del acta al diputado Alberto Rodríguez, tras la decisión del Supremo. A los diputados de Podemos les gusta el folclore, por más que en los últimos años de poltronidad se hayan adocenado lo suyo: su plantón les asegura un breve fogonazo de presencia pública, vampirizando el protagonismo de Batet y Gustavo Matos en el día señalado del cumpleaños de la autonomía.

Esto de dar plantón es una forma curiosa de hacer política: se practica con frecuencia en lugares donde la democracia no existe, probablemente porque es más peligroso oponerse a algo de forma pública que hacer mutis por el foro. En Podemos Canarias se cree  que la presidenta del Congreso se pasó muy mucho al retirarle a Alberto Rodríguez el acta, tras ser el diputado tinerfeño condenado a un mes de inhabilitación por la patada que –según se probó en juicio- le dio a un policía durante una protesta en La Laguna contra la Ley Wert.

Como quiera que ninguno de los cuatro diputados morados se significó especialmente cuando su ex compañero Alberto Rodríguez se quedó sin escaño, la excusa que han elegido para demostrar su insensibilidad con la fecha se me antoja muy poco creíble, más aún si –tras dejar a la señora Batet con la palabra en la boca- explicaron a los periodistas que el encuentro que habían solicitado ayer mismo no fue propiciado (es de suponer que por el presidente Matos) por falta de voluntad política. Si la culpa de que no se pudieran reunir con Batet no era de ella –es probable que ni se enterara de que los podemitas querían verla-,  ¿a qué vino lo de dejarla plantada?

A finales de la pasada legislatura, cuando la diputada Santana era aún el látigo fustigador contra la ignominia del Gobierno en Dependencia, Derechos Sociales y lucha contra la pobreza, Podemos fue el único partido que votó en contra de la reforma del Estatuto. Santana explicó entonces que lo hicieron porque “necesitábamos blindar los derechos de nuestra gente. Necesitábamos que se hablara de una renta mínima garantizada, del derecho a una vivienda digna, de que se redistribuya mejor la riqueza, especialmente la generada por turismo, la apuesta por la soberanía alimentaria y también por la soberanía energética invirtiendo decididamente en las energías renovables, garantizar que se invierta un 5 por ciento del PIB en educación o exigir una sanidad pública universal y no privatizada”. En realidad, lo hicieron porque estaban en contra del REF. Ahora no lo dicen tan claro, pero algo han tenido de siempre los morados contra la fiscalidad ‘para ricos’ de Canarias. Cuatro años después de aquella decisión, es muy poco lo que ha cambiado a mejor, y desde luego, entre lo que puede haber mejorado no se encuentra en absoluto nada de lo que Santana gestiona. La realidad a veces resulta de ayuda para entender el mundo.

Es chocante la escasa sintonía que manifiesta siempre Podemos con todo lo que tiene que ver con la Autonomía. El de ayer fue un acto sin duda protocolario, en el que –además- la señora Batet aprovechó para coquetear con la equidistancia, alabando el consenso para emparejarlo después con la muerte de la política. Da igual. En este país, que una institución democrática cumpla los cuarenta, y se encamine a superar el tiempo que duró subido al machito el ínclito, debiera ser motivo de celebración. Festejar civilmente la democracia en cualquiera de sus formas, con sus aciertos y errores civilizados, es una buena forma de recordar lo que significó para los ciudadanos de este país superar el odio y las tensiones fratricidas, recuperar la capacidad de entenderse y de llegar a acuerdos. No recuerdo que en aquellos tiempos, mucho más difíciles que estos, se dieran plantones para (no) salir en la foto. Quizá era entonces la política un territorio de gente más educada en la cortesía.

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