FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | El escándalo Olivera | Francisco Pomares

El debate de ayer empezó raro, con el presidente adelantando que mañana, su Gobierno aprobará la desaparición en Canarias de todas las restricciones Covid. ¿Todas? No, para nada. En realidad, sólo las que dependen del Gobierno de Canarias, o sea, que seguiremos embozados hasta que lo decida Sánchez. Que siempre puede hacer lo mismo que Torres y regalarnos el final de las medidas contra el Covid, el mismo día que comparezca en el Congreso para explicar su secreta carta de amor rendido a rey Mohamed.

Torres se enfrentó ayer a un debate viciado por el enfado de sus socios florales ante la decisión de Sánchez de obviar las resoluciones de la ONU, y aceptar la propuesta marroquí de convertir el Sahara en una autonomía bajo soberanía alauita, otorgada graciosamente por el rey. Con el anuncio-trampa de que las restricciones desaparecen –que ya matizará Sanidad con detalles más adelante- Torres deslució una intervención -la suya- ya de por sí bastante desganada, para enfrentase en la tarde de ayer a una tropa opositora decidida a darle estopa. En el nuevo formato del debate sobre el Estado de la cosa, la oposición habla por la tarde, después del presidente –así no sale casi por la tele- y los apoyos del Gobierno palmean la mañana después, teniendo así más espacio mediático, porque las noticias que ocurren por la mañana tienen casi siempre más impacto que las que suceden en por la tarde. Y la tarde de ayer se inició con más tensión de la que suele.

El nacionalista Barragán, estuvo muy duro para lo que es frecuente en él; y también se estrenó el candidato del PP –Manuel Domínguez- con un discurso educado y cortés pero también duro; y la diputada Vidina Espino, que logró sacar de sus casillas a Torres, denunciando que desde Presidencia se invitara a comer a una cincuentena de empresarios a 300 euros por cubierto. Ocurrió en lo más duro de la pandemia, mientras el Gobierno entregaba tarjetas de comida a las familias más pobres, por 200 euros al mes, según contó la diputada. Torres la llamo populista y demagoga y la acusó de transfuguismo, sin citar el término. Pero no desmintió el escándalo de las comidas a 300 euros, a mi juicio lo agravó: dijo que se habían producido para “acercar” a las patronales de ambas provincias y ponerlas de acuerdo en el reparto de “los proyectos tractores”. Una nueva competencia presidencial, esta de mediar entre patronales, para repartir la pasta de Europa.

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