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VIAJES | Poco más a Levante está el Cabo de Gracia (III). BMW Nine T

FOTOS: Guillermo Ariza y Aída Acosta

EBFNoticias | Willy Sloe Gin | Fotos: Aída Acosta

Faro cimentado sobre una torre almenara. Torres vigías de antes. Faro de Gracia, mal llamado del Camarinal. Y es que, Torregracia se levanta sobre el cabo que lleva su nombre. Al este se encuentra el de Camarinal. Burocracia y estupideces. Eso, también es otra historia…

Difícil resulta abandonar Zahara sin mojarse en sus amaneceres. Pero es el Camino el que manda, que diría Machado. Espera Punta Paloma y Tarifa. Estrecho que supura aguas del Mediterráneo y Atlántico.

Zahara es el epicentro de este viaje. Lugar que parte vientos. Los que llegan de Levante, los que al poco, vienen de la Mar, de Poniente.

Zahara ahora, Zara entonces. Noches en las que nos dormían cantándonos nanas. Todas por Alegrías…

Por eso Trafagar y Gracia. Vientos de Poniente y Levante que te llevan a Bolonia y a sus ruinas romanas para acabar en Tarifa. Vértice perfecto que separa mares y culturas. Allá te topas con otra Luz perfecta.

Si Zahara es el centro por tantas cosas, Tarifa parte el viaje en dos mitades simétricas. Lugar bellísimo, bendito y maldito por el viento de Levante. Paraíso de surfistas que, desde hace ya tiempo, tienen invadida la ciudad como la tuvieron los moros en tiempos de Guzmán el Bueno. Se hace necesario hacer noche en el pueblo. Supongo que a Tarifa hay que conocerla de noche, pasear sus angosturas y ya, de amanecida, pasmarse ante sus murallas, castillos, mares y su faro…

Es aquí donde cambio de moto. Es hora de agarrar las pistas de zahorra que discurren paralelas a la Mar. Perfecta compañera fue la Nine T Urban GS.

Poco antes de llegar a Algeciras y buscando el Parque Natural del Estrecho, llegamos a Getares, al faro de Punta Carnero. Es obligatoria la parada en el Mirador del Estrecho. Parece allá, que si estiras la mano, eres capaz de acariciar Malabata y Tánger.

Allí mismo y desde siempre, hay una pequeña venta bien estudiada para atracar turistas, sean europeos o extracomunitarios… Sirven café y demás bebedizos que pueden acompañarse con bocadillos hechos con lo más lejano a pan de pueblo. Tampoco importa. Venden también todo tipo de recuerdos. Unos con forma de imanes para empapelar nuestras neveras, otros para cubrirnos los sesos cuando aprieta el Sol y en fin, otros que no parecen tener utilidad alguna y que resultan ser unas baratijas carísimas. Y entre todo este bazar persa, un cartel inmenso reza en distintos idiomas: “El que rompe paga”. No haré comentarios sobre la amabilidad de dueño y camareros. Recomiendo la máxima precaución si se entra en el garito con el casco colgado del brazo. Las posibilidades de romper un botijo son altísimas…

 

Dos luces quedan para concluir este viaje. Gibraltar, que como todo el mundo sabe es español, y Punta Mala ya pasado San Roque. Antes de llegar a La Línea de la Concepción es necesario cruzar Algeciras, sus mil fábricas y no menos refinerías. Es la parte de la ruta donde vamos a encontrarnos con tráfico pesado, pero con un poco de paciencia no resulta tan grave la cosa.

Se hace más tediosa la entrada en Gibraltar. Colas interminables de vehículos esperan pacientes en la verja para entrar en el Peñón, comprar dos cartones de tabaco, cargar combustible y vuelta para casa. Tres horas de espera para ahorrarse diez Euros. Desconozco a cuánto está el cambio con la Libra Esterlina.

Allá está Punta Europa y cómo no, es visita obligada si lo que vamos buscando es la magia de las luces.

A quien le atraiga más que a mí la zoología, siempre pueden subir a lo alto de la roca y disfrutar con los monos que la pueblan. Deberá tenerse más precaución que con cascos y botijos si no queremos acabar perdiendo la merienda. Tienen estos primates un carácter similar al que atesora el dueño de la venta del Mirador citado anteriormente.

 

(Continuará…)