FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | La herencia | Francisco Pomares

El Congreso se lió ayer con una agarrada entre la diputada Oramas y el ministro Escrivá, esta vez a cuenta del despliegue del Ingreso Mínimo Vital, la prestación diseñada por el Gobierno de la nación para esconder su incapacidad de asegurar aquella renta ciudadana prometida por Podemos durante la última campaña electoral. Oramas había interpelado al ministro sobre las deficiencias en la gestión del Ingreso Mínimo, que Escrivá calificó anteriormente con su característica pachorra como “un éxito”. Un éxito que consiste en que menos de una de cada diez personas pobres de solemnidad (ahora se dice bajo el umbral de la pobreza), ha recibido el susodicho ingreso, de tal forma que hasta han sobrado mil millones de euros de los tres mil presupuestados en 2021 para poder atender la medida, según han denunciado tanto la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, como Caritas y su fundación Foessa.

La intervención de la diputada, que recordó los padecimientos de la gente que hace colas durante horas en las oficinas de la Seguridad Social para poder solicitar la prestación, provocó la airada respuesta del ministro, que acusó a Oramas de no tener ni idea del funcionamiento y despliegue de la nueva ayuda, y de hacer demagogia con la pobreza. También  recomendó Escrivá a Oramas estudiarse las cosas mejor –“su desconocimiento de la norma es  palmario”, le dijo- y le recordó con despreciativa condescendencia que a qué venía quejarse ahora del Ingreso Mínimo Vital, si ella misma lo había apoyado con su voto.

No sé yo si Escrivá va mucho por los plenos del Congreso, es probable que no. Porque si fuera sabría los riesgos que comporta desatar la cólera envenenada de Oramas: “Es usted patético, infame, un frívolo”, le respondió, recordando que una cosa es votar a favor de una ley, y otra cerrar los ojos ante la ineficiencia al aplicarla, e insistiendo en los problemas con los que se enfrenta la gente que quiere solicitar la ayuda: “Su gestión es nefasta”, dijo, instando con sarcasmo al ministro a seguir diciendo que la aplicación del Ingreso Mínimo Vital es un éxito, y que él está muy contento con los resultados. “Siga usted muy feliz con sus cifras”, remató.

Escrivá se defendió responsabilizando a la herencia histórica de la situación actual de la Seguridad Social y culpando al PP de no haber contratado el personal necesario para poder gestionar las ayudas que se aprueban: “el agujero es enorme, y a ese agujero contribuyó usted con sus votos”, reprochó a Oramas. Y es que cuando algo va mal ahora la culpa siempre siempre siempre es del que estuvo antes.

Pero uno se pregunta qué tendrá que ver lo que pasaba antes, con el hecho de que de las 850.000 familias que se pensaba favorecer con la prestación el año de su puesta en marcha, sólo se haya llegado a 315.000. La media de familias que han recibido la prestación es de apenas el nueve por ciento de las que lo necesitan, pero hasta esa cifra es tramposa, y camufla la desastrosa gestión del ministerio de Escrivá, porque incorpora los datos de Navarra y País Vasco, que son las dos únicas comunidades que han gestionado la prestación por su cuenta. Navarra, cubriendo casi un 25 por ciento, y País Vasco cerca de un 15, triplicando Navarra los resultados medios del resto de España y duplicándolos el País Vasco.

Quizá por eso, Oramas reclamó que el Gobierno transfiera la competencia y gestión del Ingreso Mínimo Vital al resto de las regiones. Es una opción, desde luego, aunque a algunos, con el antecedente de lo que ocurre en otros ámbitos de Derechos Sociales en Canarias –en Dependencia, en Prestación Canaria de Inserción…-, se nos hace bastante cuesta arriba suponer que Noemí Santana vaya a gestionar mejor que el ministro: de momento, y ya en la mitad de la legislatura, lo que hace doña Noemí es conjugar -como el ministro- las maldades de la herencia recibida. Por cierto, si los datos del despliegue ése del Ingreso Mínimo Vital (sin Navarra y País Vasco) son en España de poco más del 8’5 por ciento, en Canarias –una de las regiones con más pobres del país- son del 6,35. Otro éxito del que sin duda tiene la culpa la herencia recibida.

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