FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Ciudades inteligentes | Salvador García Llanos

Una ciudad inteligente (traducción y adaptación del término inglés ‘smart city’) es un marco predominantemente compuesto por Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), para desarrollar, implementar y promover prácticas de desarrollo sostenible para abordar los crecientes desafíos de la urbanización. En Wikipedia se señala que la ciudad inteligente, a veces también llamada ciudad eficiente o ciudad súper-eficiente, se refiere a un tipo de desarrollo urbano basado en la sostenibilidad, que es capaz de responder adecuadamente a las necesidades básicas de instituciones, empresas, y de los propios habitantes, tanto en el plano económico, como en los aspectos operativos, sociales y ambientales.

En el año 2050 se prevé que el 85 % de la población mundial viva en ciudades. El desarrollo urbano viene ligado a problemas como el abastecimiento energético, las emisiones de CO2 y la ordenación del tráfico, entre otros. Por eso surgen los proyectos de «ciudades inteligentes», concepto que está asociado a los de ciudad digital y ciudad conectada, unido a valores como sostenibilidad, cuidado medioambiental y seguridad.

En un interesante trabajo de investigación, el abogado Javier Casal Tavasci (veinte años de ejercicio profesional, Master por la Universidad Pontificia de Madrid – ICADE en asesoría jurídica de empresas y asesoría fiscal y Master en gestión y dirección laboral por la Universidad de Vigo, actualmente responsable de la consultora PROTECCIÓN DATA, especializada en seguridad de la información y programas de cumplimiento normativo) explica casos como el de Masdar, en Abu Dhabi, ciudad edificada desde cero en pleno desierto; el barrio BedZED en Londres y las ciudades que destacan hoy en día en este concepto en desarrollo: Yinchuan (China), Songdo (Corea del Sur y Singapur.

Para Casal, “caminamos, inexorablemente, hacia un mundo hiperconectado, en el que prácticamente cualquier dispositivo o actividad que desarrollemos estará reportando datos, que serán tratados y almacenados”. Por ejemplo, los vehículos del futuro proporcionarán datos a centrales de control para organizar el tráfico autónomo. De hecho, en la actualidad, en las grandes ciudades ya se están empleado sistemas que permiten la recolección masiva de datos, por ejemplo, para controlar el tráfico. Estos sistemas permiten hacer conteos, clasificar a los vehículos, medir las velocidades medias y la densidad del tráfico.

En la mencionada ciudad de Yinchuan, otro ejemplo demostrativo de este funcionamiento avanzado, la cara de la persona es la tarjeta de crédito. En los autobuses locales, los programas de reconocimiento facial han reemplazado a las taquillas. Las caras de los pasajeros están asociadas con sus cuentas bancarias y no se admite dinero en efectivo. En muchas oficinas públicas de Yinchuan se ha reducido considerablemente el número de funcionarios, en su lugar hay hologramas y códigos QR que cubren las paredes de las oficinas, permitiendo a los ciudadanos obtener respuestas rápidas a preguntas comunes.

Todo esto sin contar que las autoridades, gracias a las numerosas cámaras instaladas, pueden saber cuándo entras y sales de la ciudad, por dónde transitas, dónde compras, etc. El problema es qué se hace con toda esa información, dónde se almacena, cómo se protege y quién la gestiona.

Parece el futuro pero las innovaciones ya están ahí. La revolución digital. Otro ejemplo y este más cercano. La ciudad de Marbella se ha convertido en el mayor laboratorio de videovigilancia de España, gracias a la capacidad de búsqueda intensiva de sujetos a través de las cámaras de seguridad de la Policía Local. El sistema, que emplea un ‘software’ de Inteligencia Artificial, está tan desarrollado que permite a las autoridades hacer una selección basada en el análisis de características del individuo tales como edad, género, expresión facial e incluso color del pelo o ropa, y todo esto en alta resolución.

La gestión de datos personales genera numerosos conflictos y la de datos no personales también. En la gestión de datos no personales de forma masiva, los usuarios pasamos de ser los clientes a ser el producto a vender a otras compañías. Existe una gran preocupación a escala de la Unión Europea (UE) por tratar de generar un marco jurídico para que la libre circulación de datos no personales se haga de forma segura, para lo cual se ha publicado el Reglamento (UE) 2018/1807, de 14 de noviembre de 2018.

El gran aliado de las «smart cities» son las Tecnologías de la Información y Comunicación. El desarrollo de las redes de Quinta Generación (5G), el uso de mallas con sensores repartidos por las ciudades y el Internet de las Cosas (IoT) mejorará la gestión de dichos sistemas, pero debemos estar atentos –advierte Casal- a la gestión que se haga de los millones de datos generados.

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