FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Responsabilidades | Francisco Pomares

Dice el presidente Torres que el problema es que hay que ponerse de acuerdo en cómo contamos los muertos. Probablemente tenga razón, hay que ponerse de acuerdo. Pero no para ocultar que hasta el veinte por ciento de las muertes por Covid que se han producido en Canarias -durante toda esta pandemia- se han producido sólo en el mes de enero que acabó anteayer. 278 personas fallecieron éste enero, el doble que las que murieron en enero del pasado año, que había sido el mes con más muertos por Covid hasta la fecha. Para quienes pierden a personas queridas, que esta enfermedad caníbal se lleve tantas vidas es terrible. Para los epidemiólogos que intentan entender lo que ocurre con la enfermedad, como funciona, como nos afecta… o porqué en nos sitios mata más gente que en otros, lo realmente importante es que las personas que mueren en Canarias son casi el doble de las que lo hacen -de media en relación con la población- en la Península.

La cuestión es que ya se sabe por qué, y –como viene ocurriendo con demasiada frecuencia desde que empezó la pandemia- no es por lo que nos habían dicho hasta ahora. Con la aparición de ómicron se nos ha vendido la falsa idea de que la nueva variante es más contagiosa que las anteriores, pero mucho menos letal. Y eso no es cierto. Ómicron es algo menos letal que la variante Delta, pero igual de mortal que el coronavirus de Wuhan. Y muchísimo más contagioso. Por suerte, ómicron se ha tropezado con millones de personas vacunadas, frente a las que su impacto destructivo ha sido mucho menor de lo que podía preverse. Porque son las vacunas las que han logrado reducir el número de contagiados fallecidos.

Pero entonces… ¿Por qué muere más gente en Canarias que en el resto de España? El motivo principal, que sólo ahora comienza a aceptarse –bueno, quizá no por Torres- es que en Canarias la tasa de vacunación es muy inferior a la media española. Durante los últimos meses, no sólo se nos ha dicho lo bien que lo han hecho todo, sino también lo estupenda y disciplinadamente que hemos reaccionado los canarios, como un solo hombre, ante la campaña de vacunación.

Y eso no es cierto: Canarias es hoy la segunda comunidad con peores resultados en vacunación, un 82,5 por ciento de vacunados con segunda dosis frente al 90 por ciento de la media española. Sólo está por detrás de nosotros –aunque muy cerca- Baleares, con un 81 por ciento. Y resulta que Baleares es la única región española que está por encima de Canarias en tasa de muertes ocasionadas por Covid.

La relación entre el alto porcentaje de personas no vacunadas y el de víctimas no requiere de muchas explicaciones: las personas que no se vacunan corren el riesgo de perder la vida por la variante ómicron, que no es “como una gripe” o “casi inocua” como se nos ha dicho. Es también letal, y si se hubiera extendido antes de la inoculación generalizada de la vacuna, habríamos tenido cifras absolutamente insoportables de hospitalizados y fallecidos.

Creo que eso debiera ser más que suficiente para hacer reflexionar a los negacionistas que el lunes escrachearon al consejero Blas Trujillo a las puertas del recinto Ferial de Las Palmas –a dónde había acudido a visitar uno de los macrocentros de vacunación- gritándole “¡sinvergüenza!” y “¡asesino!”.

Yo no voy a negar que pueda existir responsabilidad pública en la menor tasa de vacunación en Canarias, básicamente la de no explicar con crudeza a los ciudadanos de las islas que si en Canarias muere más gente, eso ocurre fundamentalmente porque aquí estamos menos vacunados. Pero al final, la responsabilidad de vacunarse es individual. Y –creo yo- también de quienes se han convertido en adalides, inductores y propagandistas de la no vacunación. La ignorancia cenutria de los que se oponen a la vacuna porque ven conspiraciones o niegan alegremente el peligro, es también responsable de las muertes.

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