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OPINIÓN | Periodistas del futuro | Salvador García Llanos

Imagen: Laboratoriodeperiodismo.org

El periodismo parece estar superando los desafíos impuestos por la pandemia. La industria se ha visto obligada a lo largo de los últimos años a reinventarse y reconvertirse, de modo que ha sido posible sobrevivir a la digitalización, la gratuidad, las crisis financieras y un mercado más competitivo. Sin olvidar otros hechos, más cotidianos, si se quiere, en el ecosistema periodístico: el auge de los bulos, el incremento de sitios donde verificar y contrastar, la precariedad en el empleo, los avances tecnológicos, los productos alternativos y hasta la propia ética profesional. Sin olvidar un género: el de las remembranzas, el de la utilización abierta de archivos, de video y fonotecas que ha permitido reconstruir algunos hechos y rememorar las entrañas de determinados acontecimientos.

Las conclusiones apuntan al papel del periodista, que se ha revalorizado, de acuerdo: “Ser periodista implica ser curioso y observador por naturaleza. El periodista debe saber combinar la urgencia que marca el ritmo de los medios con la pausa que marca que requiere la información, para ser analizada y verificada. Tanto el periodismo lento como el que se desarrolla en profundidad siguen teniendo gran interés”, escribe la directora del Máster de Periodismo y Comunicación Digital: Datos y Nuevas Narrativas, Candela Ollé, de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) que, en una de sus reflexiones, remata: “un periodista sabe mucho de una amplia variedad de temáticas, pero a la vez sabe poco de cada una de ellas, por la poca profundidad que la agenda y el tiempo le permiten”.

Pero hay que ser conscientes: los medios de comunicación llevan décadas intentando encontrarse a sí mismos y ahora afrontan otros horizontes que, sin duda, van a marcar el futuro próximo de la profesión, desde la implementación del teletrabajo a raíz de la pandemia –¿se puede hacer buen periodismo sin acudir a la redacción, aquella en la que aprendimos y convivimos, lugar de encuentro y choque de ideas?–, al desprestigio de la profesión, la batalla con las noticias falsas y los vídeos descontextualizados propagados a través de las redes sociales o la aparición de herramientas de manipulación de la imagen –como la técnica del ‘deepfake’ o ultrafalso, fruto de la inteligencia artificial- que hacen cada vez más difícil la labor de verificación de una información ya no por parte de los medios, sino de los propios consumidores.

Todo ello fortalece la idea o el principio “ser periodista es ser buena persona”, como sentenció el periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscincski, el hombre que, según alguna opinión, nunca fue neutral, por lo que fue valorado como “la voz de los sencillos”. Al respecto, la periodista y profesora del Máster anteriormente mencionado, Ana Bernal Triviño, opinó que “para trabajar en el periodismo, hay que ser una persona honesta, lejos de la equidistancia y con la suficiente memoria histórica como para saber de dónde viene el origen de cada problema”.

Todo da a entender que lo que se precisa es un periodismo de calidad. Aunque sea una mera formulación teórica, hay que esmerarse en ese objetivo. Lo han dicho, al calor de su experiencia, directores y directoras de grandes periódicos, como la directora ejecutiva de The New York Times entre 2011 y 2014, Jill Abramson, quien nos acerca al dilema que significó “el balance necesario entre salvaguardar la independencia de las noticias y la necesidad urgente de encontrar nuevas fuentes de ingresos». Abramson, en la actualidad, imparte clases en Harvard y opina que la supervivencia de un medio “pasa directamente por la calidad de la información”.

El profesor del máster en Innovación del periodismo, de la Universidad Miguel Hernández, José Alberto García Avilés, es de la misma opinión: «En 2020, los medios han logrado incrementos notables en sus cifras de audiencia, en usuarios únicos y en conversiones en suscriptores o socios». Según estos datos, en España los medios con algún tipo de suscripción o membresía habrían superado los trescientos cincuenta mil usuarios de pago en 2020. Los medios que han apostado por escuchar a los lectores y ofrecer un periodismo de calidad que aporta valor añadido están aumentando su base de suscriptores». Aunque la tendencia, como él mismo reconoce, no es fácil de consolidar. Lo explica de la siguiente manera: “Un medio de calidad es, en sí mismo, un canal que aspira a ofrecer toda una gama de productos, narrativas valiosas, periodistas destacados, propuestas informativas relevantes y servicios útiles para los lectores, por las que estos estarían dispuestos a pagar». Las limitaciones del mercado y la poca costumbre de los consumidores a pagar por informarse son razones influyentes.

¿Cuál es entonces el futuro del periodismo? ¿Cómo se orienta su porvenir? Las circunstancias son distintas, está claro. Los ordenadores llegaron para modificarlo todo. Y los avances tecnológicos son incesantes. La revolución digital comportó otro periodismo que ya había pasado por otros procesos, si se quiere más modestos o más rudimentarios. La profesora de Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación, Anna Clua Infante, también de la UOC, interpreta que “el futuro del periodismo depende de nuestra capacidad de perseverar en el deseo de pensar con calma y de practicar una mirada atenta, no ante el espectáculo o el impacto medido en un clic, sino ante la falta (y necesidad) de información sobre lo socialmente importante”. Añade que “las nuevas y los nuevos maestros son gente joven haciendo periodismo independiente, de servicio público, a pie de calle o frente a una base de datos, y que han roto los moldes de la empresa periodística. ¿Una rendija en el oficio? Me gusta pensar que el futuro, si queremos cargado de esperanza, se vislumbra mejor desde aquí”.

Los desafíos están servidos. Si la tecnología nos brinda opciones para multiplicar el eco de la información, hay que aprovecharlo. Eso sí, sabiendo que las amenazas no se detienen ni se arrugan, como ese discurso político cada vez más radicalizado e institucionalizado que niega los hechos y lucha contra la convivencia pacífica y democrática, en gobiernos de todo signo y de muchas partes. Está claro que la solución, según coinciden varios autores, pasa por recurrir permanentemente a la objetividad, utilizar las mejores herramientas tecnológicas, colaborar con otras áreas de conocimiento y con profesionales de otros países y, por supuesto, no caer en la propagación de información poro precisa o sin base factual, es decir, la desinformación.

Mantener los valores de confianza y credibilidad periodística, en resumen, es el gran doble desafío de los periodistas del futuro.

(Artículo publicado en el ‘Anuario de Canarias’, editado por la Asociación de Periodistas de Tenerife)

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