FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Un mal bicho | Francisco Pomares

Una de las características que definen esta pandemia, o al menos la impresión que tenemos los que la padecemos, es que todo nos sucede a una velocidad extraordinaria, que no da tiempo de procesar ni la información ni los acontecimientos. Hace tan solo tres semanas que empezó a hablarse de la nueva variante ómicron, y ya se ha dicho de ella de todo. De las miles de informaciones publicadas, lo que queda de estas tres semanas es que nos han contado que es más contagiosa, pero también menos dañina…  porque siempre que hablamos del Covid tenemos que incorporar al discurso una de cal y otra de arena. En realidad, casi todo o que se ha dicho en este mes escaso son vueltas sobre esa misma idea, la de que ómicron es más contagiosa, aunque podría –podría es un condicional-, ser menos mortal. Luego se sumó a eso una reiteración de preocupaciones sobre el efecto sobre ómicron de las vacunas ya desarrolladas, fruto de apreciaciones y deseos, más que de estudios de campo, que no había sido posible hacer. La presión por encontrar y ofrecer respuestas es característica las sociedades desarrolladas, pero lanzarnos a la especulación no suele ser un buen sistema para hacer frente a los problemas. Las especulaciones no resuelven nada, pero lo que sí se sabe ya hoy con razonable certeza es que la variante tiende a expandirse en una cantidad enorme de mutaciones menores, y se reproduce a una velocidad sorprendente, no detectada en otras cepas del coronavirus hasta la fecha.

Ómicron es un auténtico mal bicho: actúa confundiendo la primera línea de defensas humanas contra el virus, que son los anticuerpos inducidos por la vacuna o por un contagio previo, y desarrolla nuevas infecciones en los vacunados con solo dos dosis y en las personas que ya han pasado por la enfermedad. En ese sentido, es evidente que es un virus muy útil a los intereses de las farmacéuticas: refuerza la necesidad de la tercera dosis en los países desarrollados, y hace que todos los esfuerzos se concentren en eso, y no en garantizar la logística que permita vacunar a los habitantes del tercer mundo.

En Reino Unido, que es donde más impacto está teniendo la variante, los casos se duplican cada dos días de forma exponencial, algo jamás visto antes. La progresión de los contagios es aterradora. El departamento de virología de la Universidad de Hong Kong ha podido demostrar en ensayos clínicos preliminares, que ómicron se reproduce en bronquios hasta setenta veces más rápido que la variante anterior, la delta. Eso explicaría la rapidez de los contagios, pero también se ha podido probar que ómicron es hasta diez veces menos eficiente en el contagio pulmonar, y eso fue lo que disparó las informaciones sobre su menor letalidad.

Quizá nos alegramos antes de tiempo:  lo que ocurre es que esa menor letalidad puede probarse en condiciones de laboratorio, pero en hospitales saturados por centenares de pacientes no está nada claro que la menor letalidad se mantenga. Un virus con gran capacidad de contagio puede causar más casos graves y muertes, aunque el virus en sí sea menos letal. El centro europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, ha considerado “muy probable” que ómicron dispare las hospitalizaciones y las muertes en relación con las que se preveían con delta.

Mucha gente se pregunta cuando ganaremos esta pelea. Como especie, no tengo ninguna duda de que los humanos vamos a derrotar la pandemia. Por desgracia, quizá no haya pasado aún lo peor, y tengamos aún que soportar más episodios intensamente dramáticos. Lo asombroso es que –sabiendo ya lo que sabemos de la enfermedad- y disponiendo de los recursos con los que hoy cuenta la Humanidad, no se esté actuando globalmente para parar a este mal bicho que ya ha acabado con la vida de decenas de millones de personas, destruido la economía planetaria y provocado un enorme sufrimiento, especialmente a las personas y territorios más pobres.

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