FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Derogar (o no) | Francisco Pomares

Después de unos cuantos días en los que parecía que el Gobierno podía astillarse a cuenta de la ausencia de acuerdo en la derogación de la reforma laboral del PP, un desayuno a solas entre el presidente Sánchez y su ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, concluyó ayer con la recuperación de la palabra ‘derogar’, un término que es sinónimo de abolir, anular o suprimir, y que –en relación con lo que nos ocupa—lo que significa es que se deja sin efecto la norma jurídica vigente –aprobada por el PP en 2012- sobre relaciones laborales.

Lo cierto es que tras el desayuno de ayer, y la reunión posterior de la mitad del Gobierno, no tenemos ni remota idea de que es lo que van a hacer, qué va a desaparecer de la reforma del PP, qué se va a cambiar y cómo. Sólo sabemos que el presidente Sánchez vuelva a su posición previa a las elecciones, previa incluso a Iván Redondo y previa a ser presidente, y está dispuesto a asumir la derogación de la ley pepera. A pesar de que tanto la portavoz del Gobierno como la vicepresidenta Nadia Calviño se negaron ayer a usar el término en disputa, lo cierto es que doña Yolanda Díaz salió de la reunión en Moncloa convencida de haber ganado –si no la pelea de los hechos- sí la del lenguaje. En esa batalla por las palabras en que a veces se dirimen los conflictos políticos, doña Yolanda ha logrado recuperar el uso del concepto fetiche de Unidas Podemos El Gobierno derogará.

¿Sorpresa? El Gobierno ya había incorporado a su programa de coalición progresista la decisión de derogar la reforma, de acuerdo con lo prometido en campaña electoral por ambos partidos, el PSOE y UP. Después de hacerlo, ese decidido partidario de derogar que era Pedro Sánchez en campaña, comenzó a modular sus referencias derogatorias, y empezó a hablar de derogar unas cosas sí y otras no, de cambiar una parte de la reforma, de salvar lo bueno que incluía… Que es –a pesar del regreso triunfal de la voluntad derogante– lo que al final se hará.

Mientras eso ocurre, doña Yolanda presume de haber ganado, y doña Calviño se enfada como si hubiera perdido. Y el resto seguimos sin saber qué va a hacer el Gobierno, en que va a consistir la derogación de la reforma. Porque no es posible derogar una ley sin proponer otra sustitutiva de la que existe, o volver a la que existía anteriormente. ¿Es eso lo que piensa hacer el Gobierno Sánchez? ¿Va a proponer volver a la legislación previa a la reforma laboral del PP? ¿Se van a recuperar las antiguas compensaciones por despido? ¿Va a devolverse a los sindicatos su antiguo protagonismo en la negociación colectiva?  Eso sería, en puridad, ‘derogar’ la ley actual.

No: el Gobierno va a modificar algunos aspectos de la reforma del PP. Es posible que incorpore mayor capacidad de negociación a los sindicatos en los convenios colectivos, dificulte la precariedad laboral (a ver si empieza con sus propios empleados) y refuerce las garantías de los contratos (también en eso puede aplicar el cuento a sus eventuales de una semana). Lo que no va a hacer el Gobierno es obligar a las empresas a pagar 45 días por año trabajado a sus despedidos. Eso no va a ocurrir. Y no porque el Gobierno no quiera, más bien porque Bruselas no está por la labor, y el Gobierno no va a desafiar a Bruselas y exponerse a no recibir la lluvia de millones que espera (y precisa) para maquillar la recuperación económica.

A la ministra de Trabajo le han regalado una palabra para que la pasee por mentideros y redacciones. Pero aquí no se va dejar sin efecto la reforma laboral del PP. Lo que se va a hacer es dejar sin efecto una parte de ella. ¿Cuál? A ver si nos lo dicen hoy, tras el encuentro con empresarios y sindicatos, aunque lo dudo. Lo que vamos a ver en los próximos días es una reforma parcial de la reforma, bautizada como derogación, para confundir aún más a los ciudadanos. Que somos tontos, como todo Gobierno que se precie sabe.

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