FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Rescate palmero | Francisco Pomares

Parece que la Guardia Civil tiene ya identificados a los tíos que se jugaron el bigote rescatando a los cuatro podencos atrapados en un estanque palmero, sitiados por la colada del volcán durante varias semanas. Raro sería que no lo supieran, cuando ya todo el mundo da por cierta la autoría: el ‘Equipo A’ de Todoque son un bombero, un vulcanólogo y un cazador, al parecer dueño de los perros. El domingo 17 pidieron autorización para ir a buscarlos, pero les fue denegada, y decidieron intentarlo a las bravas, esa misma noche. Les salió bien.

​Dicen que la suerte acompaña a los osados. En este caso ha sido cierto: se pertrecharon con la ropa y el equipo adecuado para proceder a una arriesgada aventura, con una cámara térmográfica para buscar sobre la corteza de la colada -solidificada desde hace dos semanas en esa zona- sitios más fríos por los que pisar.

Hay quien cree que en este y en otros asuntos la actuación del Pevolca está siendo muy restrictiva, que cuando la lava se solidifica en superficie, ya está todo resuelto, que no comporta graves riesgos caminar por encima de una colada petrificada. No es necesariamente así: el volcán puede estar muy vivo bajo la aparente solidez de la superficie. Por eso, nadie debería repetir la aventura de estos rescatadores de perros, una intervención osada que afortunadamente ha resultado exitosa. Por desgracia, hay centenares de personas que pueden interpretar incorrectamente esta actuación, creer que ya no existe peligro en según qué zonas y lanzarse innecesariamente a intervenciones peligrosas. Por eso hay que insistir en la necesidad de ser prudentes y cumplir las instrucciones de las autoridades.

​Pero una cosa es eso, y otra considerar que los protagonistas del salvamento de estosanimales deben ser tratados como delincuentes. En una sociedad menos acongojada y remilgada que la nuestra, su actuación sería calificada de heroica. Arriesgar la propia vida por salvar a unos perros condenados a la inanición, cuando no a morir abrasados, es un acto indiscutible de humanidad y valentía. A veces, asumir riesgos –incluso el riesgo de perder la vida- es algo más que una demostración de suicida intrepidez. Jugársela por salvar a cuatro podencos hambrientos, a la espera de que una empresa tecnológica recalculara las opciones de un rescate con drones, y hacerlo asumiendo también las consecuencias de lo que iban a hacer, a mí no se me antoja ni condenable ni rechazable. No hablamos de tres frikis enganchados a la Play, que se lanzan alocadamente al desastre, para salir luego en las noticias de la tele, sino de tres personas preparadas, conocedoras del terreno, de los peligros y dificultades de una operación así, y de las alternativas. Optaron por una resolución audaz de un drama menor, y tuvieron lo que hay que tener –además de conocimientos, entrenamiento y suerte- para lograr culminar su rescate con bien. Perseguirles por lo que han hecho sería una pésima decisión, y una mala señal para una sociedad acobardada y reacia tanto al riesgo como al compromiso.

Para mí, estos tres, son los valientes anónimos de Todoque, y deberían seguir siéndolo, porque lo que han hecho, y también cómo lo han hecho, concluyendo su rescate con sentido del humor y algo de coña palmera, a ellos les honra. Y a muchos de nosotros nos inspira admiración y respeto.

1 Comentario

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  • Muy buen artículo, como nos tiene acostumbrado don Francisco.
    Somos legión quienes esperamos que los Valientes de Todoque no sean sancionados. Creo que en las terribles circunstancias que están atravesando los palmeros sobra tanta mano dura y falta humanidad.