FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Que se enteren: No al racismo | Salvador García Llanos

Una niña con uniforme escolar pasa comiéndose un plátano y se detiene a contemplar la “hazaña” ante uno de los paneles fotográficos rasgados en la madrugada del miércoles. Un fotógrafo plasma la acción. Varias decenas de personas están concentradas en la plaza de la Iglesia del Puerto de la Cruz para expresar su repulsa. Tienen suerte los cobardes autores de la fechoría: nadie grita ni insulta ni se ampara en las sombras de la noche. Solo observan y se lamentan. Y anuncian en público que no cesarán en su mensaje, de modo que allí mismo comenzarán a recomponer los paneles rotos. En efecto, así ocurre cuando terminan las palabras.

El Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz, Periplo, que había acogido en su programación esta singular colección, promovió la convocatoria de una concentración en rechazo a los actos racistas perpetrados contra la exposición ‘Las Raíces’, de las fotógrafas Luz Sosa González y Paula Fernández Hernández que retrata veintidós migrantes del campamento de Las Raíces y que había sido objeto de un ataque racista en horas de la madrugada. La práctica totalidad de los paneles había sido rasgada con un objeto punzante o cortante. Llamaba la atención que todos tenían su marca a la altura del cuello. O sea, decapitados.

Esa era la “hazaña”. En una ciudad cosmopolita, tolerante, abanderada de muchas causa nobles que nada tienen que ver con la violencia y la exclusión. El Puerto de la Cruz, como otras localidades, ha venido sufriendo literalmente la emisión continuada de abigarrados mensajes racistas que van calando y creando un caldo de cultivo que es aprovechado por desalmados para cometer fechorías en la primera oportunidad de que dispongan. Desgraciadamente, ya se han comprobado los resultados en medio de la quietud y de la manifestación libre de la creatividad cultural. Afortunadamente, los autores de la “hazaña” habrán comprobado que podrán alterar el ánimo de autores y promotores pero se han ganado el repudio. Más allá del vandalismo, está la significación a conciencia racista de la acción. Ese influjo, ese daño, esas ideas reprobables, esa intencionalidad… Por fortuna también, el Puerto no es así, aunque tenga que soportar fechorías amparadas en las sombras y el anonimato. Su NO AL RACISMO estaba muy claro. Que lean al Papa, tan religiosos que igual presumen.

Luz Sosa Contreras, una de las autoras de las fotografías, declaró que agresiones racistas como esta lo único que hacen es demostrar que “tenemos que hablar de migraciones”. La artista destacó que pese a lo triste de lo sucedido, debe servir para “sensibilizar y concienciar” sobre el racismo con el que convivimos.

Por su parte, la otra autora de la exposición, Paula Fernández Hernández, agradeció al festival y al Co-Mando Periplo el respaldo brindado y abogó por “darle la vuelta” a la situación y no generar más odio. El ejemplo de ello es la reparación colectiva que se llevó a cabo al término de la concentración.

Gotzon Cañada, en representación del Co-Mando Periplo leyó un manifiesto a favor del acogimiento y la comprensión en el que, además, exigía el respeto a los derechos humanoss.

Y el alcalde portuense, Marco González, destacó que “Periplo es un espacio para la reflexión, para el debate y para madurar como sociedad”. Destacó que “hay viajes para disfrutar pero hay otros para concienciar. Y eso es Periplo”.

Una docente del centro educativo en cuyos exteriores se puede contemplar la exposición aún viva aunque ahora rasgada, se preguntaba con lágrimas en los ojos: “Los niños me preguntaban esta mañana, ¿maestra, por qué hicieron eso? Y apenas acerté a explicárselo”.

Porque es difícil, sin duda, saber el por qué de los malhechores. Muchos asistentes, ella misma, seguía colaborando en el arreglo de los paneles.

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