FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | ¡Suerte, director! | Salvador García Llanos

No nos conocíamos cuando en la primera etapa de vida municipalista (1983-87), Agustín González se presentó a las pruebas para acceder a una plaza del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz. Su ejercicio escrito no dejaba lugar a dudas: allí había un redactor que no solo guardaba las formas y enlazaba las oraciones subordinadas con soltura sino que derrochaba imaginación a la hora de construirlas… y titularlas, como se comprobaría con el paso del tiempo.

González tenía olfato periodístico, de ahí que aparcara los estudios de Derecho de modo que, al cabo, ya accediera al gabinete de la alcaldía para ocuparse de la comunicación institucional. “Agustinillo”, le llamaba cariñosamente Félix Real González, alcalde con el que colaboró estrechamente hasta el final de su mandato, en 1995.

Agustín González imprimió seriedad, calidad y diversidad a la información de la que era responsable. En los desaparecidos festivales de Cine Ecológico y de la Naturaleza y el de Aeronáutica, dejó ese sello. Se terminó acostumbrando a hacer discursos pero lo mejor eran los dossiers documentales que preparaba con fruición, antes de los plenos y de numerosas convocatorias institucionales. Los compañeros de profesión se acostumbraron a su provisión: Agustín era garantía de tomar las notas indispensables, de contar con relatos y antecedentes seguros, de encontrar a un jefe de prensa predispuesto y apto para propiciar soluciones a cualquier demanda, incluso la de los emplazamientos y la de ofrecer el teléfono o fax para transmitir la información con prontitud, lo daba casi todo hecho… Y por si fuera poco, sugería temáticas, más allá del ámbito municipalista, que sirvieran para reportajes o similares.

Le echaba horas, porque los buenos profesionales son así, sin reservas hasta cumplir con el deber y, sobre todo, no dejar de informar. La polivalencia le condujo incluso a preparar, con auxilio al principio y en solitario después, los delicados trajines del protocolo.

En 1995, después de una insólita moción de censura, dejó el Ayuntamiento para incorporarse a Diario de Avisos. Seguía siendo el mismo Agustín de esmerado, ecuánime y resolutivo, el periodista de raza que cultivaba cualquier género y trabajaba para la primera del periódico. Se convirtió en notario del quehacer norteño, no solo plasmando aspectos de la institucionalidad sino recogiendo la iniciativa de los agentes sociales.

A González le apasionaba el reportaje. Suya es la firma de muchos publicados en la última página, en donde acreditaba sensibilidad periodística para dimensionar adecuadamente perfiles históricos y humanistas. Volvió a los afanes institucionales en 2007, en el mismo Puerto de la Cruz, pero ya estaba predestinado al ejercicio cotidiano, al uso de la red, a las correcciones de informaciones, crónicas y textos, a la búsqueda de esa foto que no aparece y a los cierres a uña de caballo cuando se ha echado encima la madrugada.

A ese Agustín González que vimos nacer y curtirse, periodísticamente hablando, le han designado ahora director de Diario de Avisos. Solo tenemos que congratularnos y desear que su cometido sea exitoso, a sabiendas de que no será fácil. Tiene un rico bagaje y un acreditado afán de superación, como cuando el inesperado fallecimiento de su hermano Nicolás. Y el de Juan José Acosta, su amigo del alma.

-¡Suerte, director!

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