FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Animales cambiados | Francisco Pomares

Sinceramente, nadie sabe muy bien porqué a los próceres de la Real Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel se les ha ocurrido -150 años después de su constitución- ponerse a repartir medallas, y menos aún porque la primera de ellas has recaído en el Parlamento de Canarias, que es una institución que representa tan bien lo que son esta tierra y sus claroscuros, que entre sus muros anida lo mejor y lo peor de cada casa.

La Real Academia la preside desde hace poco menos de un mes Rosario Álvarez Martínez, probablemente nuestra musicóloga más eminente, y además una mujer tan preparada como entrañable. No creo que la idea de enmedallar al Parlamento partiera de ella, básicamente porque el asunto viene de atrás, de antes de ser elegida, pero lo que sí es cierto es que la presencia del rey Felipe en el acto de entrega de esa medalla a mi juicio no muy merecida, supone un éxito para la real entidad, para la real presidenta y una satisfacción para los reales académicos, dados como son a reales fastos y prosapias.

En tiempos tan escasamente monárquicos como estos, contemplar a Sus Señorías y asimilables en estado de catalepsia por la presencia real, nos revela la distancia que suele existir entre lo que se manifiesta y lo que se siente: se puede ser indiferente o desafecto a las borbonías, o directamente republicano, pero la oportunidad de hacerse foto con Su Majestad se pelea si hace falta. Ayer hubo aglomeración de trajes oscuros bien cortados, mucho ex hasta llenar el aforo de Teobaldo Power, y medio centenar de paisanos esperando a sol hiriente que saliera el rey Felipe.

El rey aprovechó la invitación para colar su mensaje de cercanía y solidaridad, con La Palma al fondo, lenguaje inclusivo incluido. Manifestó su afecto por “las personas que están sufriendo, todas las palmeras y todos los palmeros”. Eso lo dijo muy circunspecto y formal.

Unos minutos antes, esperando en el vestíbulo principal con un puñado de autoridades ejercientes, no estuvo tan contenido: empezó la cosa recordando su experiencia como presentador televisivo, en la serie documental ‘España Salvaje’, en la que protagonizó los diez episodios emitidos en 1996 por Televisión Española. El programa se lo sacó de la manga el que fuera Secretario de Estado de Medio Ambiente, Borja Cardelús, con pasta que puso la Fundación Entorno.

Al joven príncipe le pidieron que participara en la serie, y aceptó, poniendo como condición que le dejaran ser él mismo y no un cromo con patas. El programa fue muy popular, y don Felipe suele referirse a él con frecuencia, quizá porque debió ser una de las primeras veces que se pudo pasar el protocolo por las pinzas del pantalón y hacer ante las cámaras lo que le dio la (real) gana.

Pues ayer, recordando aquella serie, al rey le dió por hablar de bichos, y se le ocurrió mencionar que la presentación documental incluía el vuelo de una gaviota. Al descubrir que allí había mayoría de izquierdas, bromeó con el hecho de que lo de la gaviota se les había ocurrido antes de que el PP convirtiera la gaviota en parte de su marca electoral. Y fue justo entonces cuando Rosa Dávila, vicepresidenta coalicionera de la Mesa, que andaba con su natural despiste, preguntó entre cándida y cualquiera sabe: “¿Pero es que el PP ha cambiado de animal?”. La pregunta provocóun inmediato y general estallido de carcajadas, que se mantuvo durante un par de minutos, con alguna autoridad secándose el lagrimal con disimulo. Porque el rey –tan discreto él- no paraba de reírse, y tampoco era cuestión de dejarlo solo con el despelote.

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