FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | El volcán y los ingresos | Francisco Pomares

La decisión de la Ejecutiva Federal del PSOE de suspender los congresos insulares convocados en Canarias es una de esas decisiones partidarias que provocan cierto rubor. La decisión responde teóricamente al deseo de evitar un conflicto interno en las filas socialistas grancanarias. El PSOE está en la isla dividido entre quienes apoyan la reelección en la secretaria general del partido de Chano Franquis, consejero de Obras Públicas del Gobierno y uno de los más veteranos apparatchik del PSOE grancanario, y el grupo que quiere sustituirlo por Augusto Hidalgo, actual alcalde de la ciudad y el mejor candidato posible del PSOE a la presidencia del Cabildo insular, el único que podría enfrentarse desde la izquierda a Antonio Morales con alguna posibilidad de éxito.

Parece ridículo que un partido como el PSOE tenga necesidad de retrasar la celebración de este congreso (ya de paso han decidido meter a los otros congresos insulares de la provincia oriental en el mismo saco), para evitar que el personal ejerza la esencia de la democracia partidaria, que es la participación en la elección de sus direcciones. En realidad, lo que se pretende con la suspensión no es evitar un conflicto por otro lado inevitable cuando dos candidatos con similares apoyos se baten en justa lid. Lo que se pretende es evitar que ángel Victor Torres, secretario regional del PSOE (que casualmente es también presidente del Gobierno), tenga que pronunciarse (o no) por uno de los candidatos en liza, fraccionando así su base electoral en el próximo congreso regional, que –ese- no se suspende. Torres no quiere que Torres sufra las consecuencias de unas primarias ajenas. El presidente, que suele actúar en política partidaria como un maúro revenido (un mago con pedigrí), no quiere perder ni un voto.

Si el Congreso insular fuera antes del regional, tendría que elegir entre apoyar a uno de los candidatos frente al otro o abstenerse de apoyar a ninguno, y cualquiera de las dos alternativas le supondría –como mínimo- perder la mitad de los apoyos con los que ahora mismo cuenta. Conclusión: por eso decide Ferraz retrasar los congresos, a las espera de la próxima aclamación del único candidato posible a asumir la dirección regional.

Las provincias copian el sistema cesarista implantado por Sánchez en el PSOE desde que se hizo con el control de la dirección federal prometiendo que acabaría con el poder omnímodo de la dirección federal. Se confundió, era de las otras direcciones, de las que quería reducir el poder. Porque el poder de la suya y la de los sanchistas provinciales es tan indiscutible que incluso se suspende el libre y democrático ejercicio de la selección de liderazgos partidarios que suponen –nos dijeron- las primarias. Para evitar que Torres pierda un solo voto.

Si esa decisión produce rubor, sobre todo al comparar con aquél PSOE y aquél González socialdemócrata que renunció a ser secretario general porque no compartía las tesis marxistas de su partido, lo que ya produce verdadera vergüenza ajena es la entidad intelectual de la excusa que se han buscado aquí para justificar la decisión de Ferraz. El secretario de organización regional, el palmero Jorge González, explicó sin torcer una ceja y con rostro diamantino que la suspensión del Congreso insular grancanario se produce debido a la situación excepcional del Archipiélago por el volcán de La Palma. Curiosamente, el Congreso regional, que por cierto es el único al que tendrán que ir delegados palmeros, ese no se suspende. Faltaría más. Se mantiene –como estaba previsto- para mediados de noviembre, y en él se procederá a la aclamación del único candidato presentado. Las primarias ya no hacen falta. Es así como funciona la nueva democracia.

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