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LA LAGUNA | RSEAPT | Carbajo: “El pacto verde obliga a plantear una subida de impuestos que afectará de manera desigual a grupos sociales y económicos”

El inspector de la Agencia Tributaria advierte sobre la incertidumbre tecnológica y el coste social de la transición energética

EBFNoticias | 

El inspector jefe de la Delegación Central de Grandes Contribuyentes de la Agencia Tributaria, Domingo Carbajo Vasco, aseguró, durante su conferencia en el ciclo Movilidad, Transporte y Descarbonización, que organiza la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, en colaboración con la Fundación Cultural Canaria de Ingeniería y Arquitectura Betancourt y Molina, que los nuevos impuestos jugarán un papel fundamental en la descarbonización acordada por la Unión Europea para 2050, pero puso sobre la mesa dos grandes obstáculos: la incertidumbre tecnológica y los costes sociales. Además, señaló que “hay que plantear una subida de los impuestos que afectarán de manera desigual a grupos sociales, sectores económicos y territorios”.

Durante su intervención, recordó que el objetivo que se plantea es que las emisiones de carbono a la atmósfera sean cero en 2050 y “para eso hay que eliminar, en primer lugar, los beneficios fiscales de determinados combustibles y los usos que hacen que se siga manteniendo un exceso de emisiones de CO2”.

“Un ejemplo prototipo es el caso de los beneficios fiscales de los que gozan sectores como la agricultura, que disfrutan de gasoil bonificado o eliminar la diferencia de gravamen entre el gasoil y la gasolina. Esto es algo que hay que hacer”, detalló.

Además, añadió que “hay que incorporar todo un elenco de impuestos ecológicos que cambien comportamientos de los seres humanos dañinos para al medio ambiente”. En este campo, según Carbajo, “hay muchas posibilidades; se puede actuar desde comportamientos individuales a empresariales, que son los más importantes porque estamos en una economía de mercado”.

Una de las posibilidades sería “obligar a las empresas a que disminuyan considerablemente el consumo del plástico, un elemento contaminante de primer orden; esto se va a hacer con un impuesto sobre los plásticos de un solo uso, que ya está en marcha en la Ley de residuos y que, además, es una obligación comunitaria”.

En el caso de los comportamientos individuales también se pueden hacer muchas cosas. Por ejemplo, “establecer una potenciación del impuesto sobre los gases fluorados del petróleo, poque eso es lo que afecta fundamentalmente a la compra de aires acondicionados”, según dijo.

La incertidumbre

En su opinión, todas estas alternativas “están muy bien” desde una perspectiva macroeconómica general, pero “luego te enfrentas a lo que técnicamente se conoce como costes de transición” y a “una cierta incertidumbre, puesto que estamos hablando de una meta en 2050 y el cambio tecnológico no es tan preciso”.

Sobre este asunto, puso como ejemplo que, si se apuesta por el coche eléctrico y se grava los vehículos que utilizan combustibles de hidrocarburos o derivados para potenciar con incentivos tributarios lo eléctrico, “puede que, gracias a la velocidad del cambio tecnológico, se descubra que la tecnología adecuada para los vehículos no debe ser la electricidad sino el hidrógeno”. Entonces, “habrás realizado inversiones muy costosas y te habrás equivocado”, concluyó Carbajo.

El coste social

También hizo hincapié en el coste social de la transición energética prevista. “En el caso del gasóleo, si quieres reducir el consumo de derivados del petróleo porque quieres conseguir una economía que no dependa de esos combustibles, lo primero que hay que hacer es que cuesten más y, por lo tanto, hay que eliminar el incentivo de menor coste y que el gasóleo suba”, explicó.

Sin embargo, “el problema es que el gasóleo es hoy un grupo muy relevante en los transportes y los transportes son muy importantes para la actividad económica y para todos los sectores productivos y en los costes de todo”, aclaró.

Para el inspector de Hacienda, “si se sube el impuesto al gasóleo, se genera un problema de inflación y un problema de protesta social, porque, claro, el discurso de la descarbonización “puede parecer muy bonito”, pero si se incrementa el precio del gasóleo “los transportistas pedirán compensaciones”.

En su opinión, el discurso de “yo lo voy a hacer por el progreso y por el bien de la humanidad choca con la realidad de que hay que pagar los recibos del próximo mes” y el factor temporal hace que “el coste de esta transición recaiga en personas a las que no les afecta directamente”.

Por si fuera poco, Carbajo señala que los costes de transición no están nada claros en el pacto verde europeo y así lo reconoce el propio texto cuando afirma que hay que crear “la llamada pata social, para compensar de alguna manera a los sectores económicos, sectores sociales y grupos de población que van a verse afectados”.

En este punto, recurrió al caso de la bombona de butano, “que es utilizada para calefacción o cocinar por poblaciones de renta muy baja; si con el argumento de que contamina, le subes enormemente el coste, evidentemente, lo que estás haciendo es crear un problema de exclusión social”.

De nuevo reiteró que se puede “hacer un discurso ecológico maravillo y convencer a la gente, porque es lo científicamente correcto, de que tiene que cambiar su comportamiento, su consumo y sus fuentes energéticas, pero eso es enormemente costoso”.

Asimismo, admitió que es cierto que “el cambio no hay que hacerlo solo con impuestos, se pueden hacer otras cosas. Hay que hacer desde políticas de educación hasta cambiar el comportamiento cotidiano, atendiendo al modelo RRR (reducir, reutilizar y reciclar) en el que nada se tira”.

Sin embargo, insistió en que se puede convencer a la población, pero el problema es que para cumplir con los plazos establecidos por la Unión Europea de emisiones cero en 2050, “hay que plantear una subida de impuestos que van a afectar de manera desigual a grupos sociales, a sectores económicos a zonas y territorios. Eso es muy complicado, porque la gente va a reaccionar”.

Para el experto en impuestos resolver esto “no es nada fácil, porque, si el proyecto es para 2050, la mayoría de la gente que está sufriendo las consecuencias no va a estar viva”, afirmó.

Para ilustrar la dificultad de los políticos para afrontar las decisiones que requerirá el pacto verde, Carbajo calificó la reciente decisión del Gobierno de bajar los impuestos a la electricidad como “una contradicción, puesto que dices que hay que introducir el cambio ecológico, pero, como tienes una protesta por la subida de la luz, lo primero que haces es bajar los impuestos. De esta manera, estás actuando en contra de tu propio discurso, porque, si bajas el impuesto, incentivas la demanda. Hay que tener en cuenta que el político también es un cortoplacista”.

Precisamente, por eso “están metidos en un conjunto de contradicciones difíciles de resolver, porque el largo plazo juega con prioridades y objetivos que no son los del corto plazo y el político tiene un discurso y unas obligaciones que cumplir que chocan con el hecho de que tiene que evitar las protestas sociales y ganar votos”, aseguró.

Respecto a cómo se puede costear el cambio energético, apuntó que “si los hidrocarburos tienen que desaparecer y, por tanto, desaparece su base recaudatoria, hay que potenciar la fuente energética alternativa y aumentar enormemente los impuestos a la electricidad”

En relación con la planificación diseñada por Europa para hacer realidad la descarbonización, admitió que “todo está muy planificado”, pero, en primer lugar, el “mortal no tiene planificación, su planificación es cómo llegue a fin de mes” y, además, “son planificaciones a medio plazo, que se enfrentan a la incertidumbre y la variabilidad tecnológica”.

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