FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Perderlo todo | Francisco Pomares

Es verdad: si nos ponemos maximalistas, perderlo todo es perder la vida. La de uno o la de las personas que uno quiere. Eso sí que es perderlo todo. Pero perder la casa en la que uno vive, y todo lo que hay dentro, los muebles, la ropa, los libros, los recuerdos, las fotos… eso –aunque se trate de cosas materiales- se parece bastante a perderlo todo. Ver cómo el lugar donde has construido la parte más importante de tu vida y tus ilusiones, que es la parte que tiene que ver con tu pareja y tus hijos… ver ese lugar, tu casa, engullida por una montaña de lava que avanza imparable, ver como arden los bloques de cemento, como se tuestan las tejas, como el magma se amontona contra los muros, se cuela por las ventanas y los pasillos, derriba las paredes, presenciar sin poder hacer nada de nada de nada, cómo esa costra negra que cubre un río de fuego que avanza despacio pero  imparable se enseñorea de huertas y calcina cultivos y jardines… eso –creo yo- se parece bastante a perderlo todo.

Dicen que un son ya un centenar -o quizá cerca de dos- las familias de El Paraíso y Todoque que lo han perdido todo, todo menos la vida, y que probablemente serán aún más antes de que esta catástrofe termine. Dicen que el Gobierno ha prometido ayuda para la reconstrucción de las viviendas, y muchos afectados se preguntan qué reconstrucción es esta de la que se habla, si ni siquiera los solares cubiertos de lava solidificada podrán volver a usarse jamás.

Para quienes lo pierden todo, las promesas suenan a veces como un consuelo momentáneo, algo que se olvida cuando pasa el ruido, los medios cambian su atención, los políticos se van por donde vinieron, y entonces empieza el calvario de intentar recuperar parte –siquiera parte- de todo lo perdido: los seguros que remiten al Consorcio, el Consorcio que se ampara en el Gobierno, y el Gobierno que anda muy ocupado con los graves asuntos de Estado, la Mesa de Diálogo, el reparto de los fondos europeos, los pactos para aprobar los Presupuestos y otras importantes distracciones. Los gobiernos –todos- acuden raudos y veloces al calor de los dramas y los focos, pero tienden a tener muy mala memoria cuando se trata de cumplir.

El volcán puede “convertir La Palma en el centro del mundo”, pero el volcán también pasará, aunque sea muchísimo más vistoso que otras muchas catástrofes. Si todo sigue como hasta ahora, el volcán será recordado aún en el próximo siglo, y estará en los libros de historia y de geografía, recordándonos la fuerza desatada del interior de la tierra, pero no por eso será más dañino que cualquiera de esos incendios devastadores que asolan las islas de cuando en cuando: La Gomera, Gran Canaria, la propia isla de La Palma, no hace tanto, han sufrido incendios importantes. Y también hubo promesas y compromisos de reconstrucción con cargo al Tesoro Público, cada vez que un incendio arrasó partes de una isla, y al final lo que llegó no fue ni lo esperado ni lo prometido.

Porque es así como funciona el mundo, y quienes lo pierden todo lo saben: saben que –quizá antes de que acabe de salir magma de las entrañas de Cumbre Vieja- los parientes que han dado cobijo a su familia, comenzarán a quejarse, porque dos familias no caben en la misma casa durante demasiado tiempo. Y saben que esos créditos que ayer mismo anunciaron solidariamente los bancos, para aguantar hasta que lleguen las ayudas, habrá que devolverlos. Quizá incluso antes de que las ayudas lleguen. Quien lo ha perdido todo sabe que su vida será a partir de ahora dos vidas distintas: la de antes del volcán y la de después, y que es poco probable que la de después sea mejor. Porque perderlo todo –todo menos tu vida y la de los tuyos- es una prueba muy dura. Sólo algunos la superan sin ayuda. Y la experiencia nos dice que suelen ser aún menos los que por fin reciben esa ayuda.

Porque perderlo todo –todo menos tu vida y la de los tuyos- es una prueba muy dura. Sólo algunos la superan sin ayuda. Y la experiencia nos dice que suelen ser aún menos los que por fin reciben esa ayuda.

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