FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Una fábrica de muertos | Francisco Pomares

Hace poco menos de dos semanas fue una lancha neumática procedente de El Aaiún, que había volcado en pleno Atlántico: cincuenta de sus 53 pasajeros murieron ahogados tras el naufragio, o en las horas inmediatamente posteriores. Tres consiguieron subir sobre la lancha volteada, pero cuando un helicóptero de Salvamento Marítimo se acercó a rescatarlos, dos de ellos ya habían muerto de deshidratación. Únicamente sobrevivió al calor y la falta de agua potable una mujer de Costa de Marfil. Habían partido el 12 de agosto a bordo de una lancha neumática –la embarcación más peligrosa para enfrentarse a las aguas del Atlántico–, y la salida fue alertada por activistas del grupo Caminando Fronteras, pero no detectada por los cada vez más obsoletos sistemas de localización que operan desde Canarias.

Tres días antes, guardacostas mauritanos rescataron a siete emigrantes de Senegal y Mali, desembarcados de una patera que tras una avería en el motor, perdió su rumbo con destino a Canarias y estuvo a la deriva dos semanas. Según contaron, en la travesía murieron cuarenta personas que les acompañaban, entre ellas mujeres y niños, tras quedarse sin agua durante días.

El pasado jueves, se localizó una patera a 500 kilómetros al suroeste de la isla de El Hierro. Había salido el 15 de agosto desde Dajla, la Villa Cisneros del antiguo Sahara español, con 55 personas embarcadas, de ellas ocho niños. Cuando Salvamento Marítimo rescató a los supervivientes, en la patera sólo había 26 personas exhaustas y cuatro cadáveres, uno de ellos de una niña. 18 adultos y seis menores fueron tirados por la borda a medida que iban muriendo. Trasportados los supervivientes a Arguineguín, ya en la misma bocana del muelle, falleció por parada cardiorrespiratoria una costamarfileña embarazada de varios meses.

En la madrugada de ayer, una patera zarpada de Tan-Tan, fue rescatada por el buque Concepción Arenal. La embarcación fue localizada a las tres de la madrugada del martes a tan sólo 14 millas naúticas de Gran Tarajal. En la patera iban 16 varones y 15 mujeres, además de un cadáver que fue evacuado por un helicóptero, junto a otra persona con síntomas de grave hipotermia. Por las informaciones facilitadas por los que lograron desembarcar se cree que pudieron fallecer hasta treinta personas, aunque otros testimonios reducen esa lista macabra a sólo diez adultos y dos niños…

Supongo que podremos seguir añadiendo historias como esta, más ahora que las condiciones del mar empujan a la gente hacia las islas. Cada vez más: el año pasado, llegaron a Canarias cruzando el Atlántico más de 23.000 emigrantes, frente a menos de 2.700 en 2019. En lo que va de año, son ya más de ocho mil, el doble de los que vinieron en los mismos meses de 2020. Y el organismo de Naciones Unidas que se ocupa de las migraciones, contabiliza más de medio millar de muertos intentando llegar a las islas por mar, sólo en lo que llevamos de año. Debiera ser más que suficiente para que el Gobierno de España se decida a hacer algo: mejorar los mecanismos de localización de embarcaciones en alta mar, dotar de más medios a los servicios de salvamento, actuar diplomáticamente en los países de origen, especialmente (pero no solo) en Marruecos, de cuyo territorio parte hoy la mayoría de las embarcaciones.

El Gobierno de España nos ha demostrado que es capaz de movilizarse nuestra diplomacia en respuesta a la llegada de 8.000 jóvenes marroquís a Ceuta, o montar un importante dispositivo para actuar en Afganistán y rescatar a algo más de 2.200 personas en riesgo de perder la vida. Este año, es muy probable que entre 40.000 y 50.000 personas pongan en riesgo sus vidas para llegar a las islas a través del mar. Y muchos de ellos –hombres, mujeres, niños– morirán sin que –quien puede hacerlo– intente evitarlo. La indiferencia del Gobierno español ante este holocausto está convirtiendo Canarias en una fábrica de muertos.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario