FIRMAS Juan Miguel Munguía Torres

OPINIÓN | Legítima defensa | Juan Miguel Munguía Torres

El reciente caso del hombre que mato a otro que había entrado de madrugada en la finca de su propiedad, se ha puesto en boca de todos  ante la aplicación de la legitima defensa.

Lo que se ha llamado el caso Pepe Lomas, al darle muerte de un hombre de tres tiros en «legítima defensa» cuando le sorprendió dentro de su finca. Y así lo declaro ante la Policía y la juez instructora, enviándolo a prisión provisional sin fianza, ha levantado una gran polvareda en la calle y en platós de televisión

La legitima defensa se puede definir como la causa que justifica una conducta ilegal y que elimina la responsabilidad de su autor, si ha actuado en defensa de su persona o de derechos propios o ajenos. Para aplicar la legítima defensa es necesario que se lleve a cabo la investigación oportuna de los hechos y el enjuiciamiento debido, debiendo solicitar la defensa la aplicación de la eximente de legítima defensa para su representado en el momento procesal oportuno. No es por tanto una medida que se aplique de forma instantánea tras la comisión del hecho delictivo.

Los límites de la legitima defensa no están exentos de polémica, como ocurrió en el caso Tous, donde un jurado popular declaró no culpable al yerno de la familia de joyeros Tous, Lluís Corominas, tras juzgarle porque en diciembre de 2006 asestó un tiro a un presunto ladrón apostado al lado de la casa de sus suegros, a pesar de estar desarmado y cuando no había nadie en la vivienda.

El Tribunal Supremo ha venido declarando que, respecto a los medios de defensa y ataque deberá existir una proporcionalidad entre los mismos, no solo en cuanto a los instrumentos utilizados, sino en el modo de utilizarse, aunque sea de difícil valoración.

En cuanto a la cuestión de si cabe hablar de legítima defensa en los casos en que fuera posible evitar la agresión mediante la huida, el Tribunal Supremo ha declarado que no es exigible al agredido que evite la agresión huyendo, excepto en aquellos casos donde la huida es posible, no vergonzante y con ello es seguro que no habrá agresión. Por ejemplo supuestos en los que la agresión provenga de un niño, como es el caso de Gabriel. Asimismo se excluye el derecho de defensa necesaria en los casos de estrechas relaciones personales (padres-hijos; esposos; comunidad de vida, etc.).

En definitiva y en este caso concreto, la reconstrucción de los hechos, balística y autopsia serán claves.

 

 

 

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