FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | ¿Misión cumplida? | Francisco Pomares

El mismo día que España clausuraba su participación en la evacuación en Afganistán, el presidente Sánchez ofrecía una comparecencia en Moncloa calificando de éxito la operación, con una expresión castrense: «Misión cumplida», dijo, pero no refiriéndose a la participación española en la guerra de Afganistán, unas guerra con 102 soldados españoles muertos, sólo una pequeña parte en combate o por acciones con explosivos, entre ellos dos guardias civiles, dos policías nacionales y dos intérpretes. Del resto, 62, murieron en el vergonzoso accidente del Yak-42 de 2003, y otros 17 en la caída también accidental y no explicada del helicóptero Cougat en 2005.

Sánchez se refería con su «Misión cumplida» a la evacuación del personal afgano que colaboró con España. Pero es aun pronto para compartir esa percepción presidencial de que el rescate haya sido un éxito. Básicamente porque no se dispone de ningún dato sobre quienes son las personas salvadas. Aunque España tuvo presencia en Kabul, con representación diplomática, y con el acuartelamiento de un grupo de boinas verdes destacados en la base Camp Morehead, a las afueras de la capital, la mayor parte del despliegue militar, con cerca de 1.500 soldados sobre el terreno, se produjo fuera de la región de Kabul. Probablemente toda esa gente que colaboró con nuestro ejército no llegó nunca al aeropuerto.

Los primeros militares españoles –un destacamento integrado por 350 hombres y mujeres– fueron enviados a Afganistán a finales de enero de 2002, cuando apenas habían pasado cuatro meses desde los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Esas unidades no se incorporaron a la guerra bajo el mando de la OTAN, sino integrando la Fuerza Internacional de Asistencia a Afganistán, organizada directamente por EEUU, tras el acuerdo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En 2005 España se estableció en la base de Herat, una ciudad tayika al oeste del país, de gran influencia iraní (el persa es el idioma de la región) y nuestro ejército se responsabilizó de la reconstrucción de Qala-i-Now, en la provincia de Badgis, arrasada por los talibanes, donde se construyó la base Ruy González de Clavijo. En 2012, España decidió transferir a las nuevas autoridades del país la seguridad del territorio e inició el repliegue de sus tropas. A finales de 2014 la ISAF fue reemplazada por la misión Apoyo Decidido, bajo mando OTAN, pero más reducida, y entre 2017 y 2018, la participación española se limitó a 300 efectivos liderados por Canadá e integrados en el batallón de Letonia, y a menos de un centenar de militares dedicados al adiestramiento del ejército afgano y a trabajos de Estado Mayor en Kabul. El 12 de mayo de este 2021, los últimos 24 militares españoles destacados en Kabul arriaron bandera y volvieron. Nuestra participación en la guerra concluyó entonces, y no ayer. Lo que acabó ayer fue una misión de rescate, en la que probablemente no pudimos sacar a quienes colaboraron con nosotros. Ahora se nos vende que estuvimos hasta el final, y lo cierto es que fuimos de los primeros en salir. Durante esas casi dos décadas, más de 27.000 militares españoles participaron en la misión en Afganistán, con un coste inútil de 3.500 millones de euros. Para entendernos, en 2013, 430 millones, en 2020, apenas ocho. No creo que haya muchos militares españoles que se sientas satisfechos de cómo han ido las cosas. Entramos con nuestros aliados en una guerra imposible, que se ha perdido sin paliativos, y hemos salido de allí a toda prisa, en cuanto las cosas se han puesto feas, y las bombas del ISIS han empezado a explotarnos cerca. Sacamos a 2.200 personas, en una operación en la que se han evacuado más de cien mil. No digo que no se haya hecho lo que podía hacerse. Pero no creo que sea para sacar pecho y presumir de haber cumplido. ¿Con quién hemos cumplido?

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