FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Aliados, vecinos, hermanos…| Francisco Pomares

Este viernes pasado, Mohamed VI cerró por sorpresa la crisis abierta en mayo por la entrada de miles de jóvenes en Ceuta, en una operación alentada por Rabat en respuesta al acogimiento secreto, en un hospital logroñés, del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, aquejado de Covid. Rabat consideró la hospitalización de Gali una provocación y renunció a controlar su frontera con Ceuta durante apenas un día, permitiendo con ello que diez mil marroquís lograran colarse en la ciudad.

El rey aprovechó el viernes su tradicional discurso en la fiesta de la Revolución del Rey y del Pueblo, para asegurar por sorpresa que su Gobierno va a «inaugurar una etapa inédita» en las relaciones con España. Fue su primera intervención pública sobre la crisis. En el mes de julio, durante la ceremonia que celebra el aniversario de su coronación, el monarca no dijo sin embargo ni pío. El arreglo estaba aún gestándose.

España y Marruecos comenzaron a bajar el listón de la tensión mutua pocas semanas después de la cumbre de la OTAN el 14 de junio en Bruselas, con Gali ya evacuado de España. Pero no fue hasta el 10 de julio, cuando –en el contexto de una crisis de gobierno acelerada– se produjo el cese de la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, considera por los medios oficiales de Marruecos como demasiado sensible a las posiciones polisarias y principal responsable del conflicto. Marruecos aplaudió públicamente la decisión del Gobierno español de sustituir a la ministra y nombrar en su lugar a José Manuel Albares para reconducir la crisis. Albares es un diplomático de carrera, muy próximo a Sánchez, que lo nombró secretario general de Asuntos Internacionales, UE, G20 y Seguridad Global, con rango de subsecretario, en su primer gobierno.

Tras el cese de la ministra, considerado «un gesto» por Marruecos, el rey Felipe envió una carta personal a su colega –hecha pública sin gran sorpresa por la agencia oficial de prensa– en la que expresaba sus mejores deseos para «el muy querido pueblo amigo marroquí» en nombre propio y del Gobierno. Y dos semanas después, Pedro Sánchez calificaba ante los medios a Marruecos como «socio estratégico». La distensión, avalada por la autorización marroquí para repatriar a los menores de Ceuta, estaba ya servida. Faltaba sólo la declaración del monarca. Y la réplica de Sánchez, que se produjo ayer.

Sánchez dice que somos «aliados, vecinos y hermanos». Y las tres cosas son ciertas, aunque a veces sea difícil conciliarlas con otras alianzas, vecindades y hermandades. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que acompañaba ayer al presidente español durante su visita a las instalaciones para acoger refugiados afganos en la base de Torrejón, puntualizó que «las buenas relaciones con Marruecos son tan importantes para España como para Europa». Probablemente algo similar –quizás en tono más imperativo– debió escuchar Sánchez en aquel corto paseo con Biden: Un arréglenlo, por ejemplo. Y eso es lo que se ha hecho, arreglarlo: una ministra cesada, una carta enviada por el rey Felipe a su primo Mohamed y un par de palabras de Pedro Sánchez en una rueda de prensa. Y (también) la creciente escalada del conflicto entre Marruecos y su vecina Argelia, que acusa a Rabat de apoyar grupos terroristas que están incendiando –literalmente– el norte del país. Con casi un centenar de víctimas, entre muertos y desaparecidos en el fuego, a Marruecos no le conviene tener bronca al mismo tiempo con sus dos vecinos más poderosos.

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