FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Quiosco sin prensa | Salvador García Llanos

El auge de los medios online hace cada día más complicada la subsistencia de los escritos. Lo ha confirmado recientemente en un informe la Agrupación Nacional de Vendedores de Publicaciones (ANVP) con un dato incontestable: en 2012, hace solo nueve años, la comercialización de periódicos y revistas significaba el 90 % de los ingresos del sector; en la actualidad, apenas representa el 50 %.

Los cambios inducidos por Internet siguen al galope tendido. Los usos y hábito sociales, especialmente los relacionados con el consumo de información son muy distintos. Esto, desde luego, nada tiene que ver con lo que era.

En alguna entrada anterior escribimos sobre la experiencia vivida con ujn viejo profesional del periodismo que ejerció en varias agencias informativas y en varios departamento del Ministerio de Defensa. Convinimos en sentarnos un domingo en ujna plaza céntrica, desde las doce del mediodía hasta las dos de la tarde. En esas dos horas, no sobrepasaron cincuenta las personas las personas que se acercaron a adquirir algún ejemplar, periódico o revista. Y además, la inmensa mayoría de las personas que lo hicieron sobrepasaban los sesenta años. La conclusión es que el acto de salir a la calle a comprar el periódico es cada vez menos cotidiano.

Algún dato lo corrobora: El País, por ejemplo, el periódico español más vendido, cerró el año 2020 con una difusión media acumulada de setenta y nueve mil seiscientos veintidós ejemplares, un mínimo histórico que supone un 80 % menos que hace diez años. Otros medios escrito generalistas se han visto sacudidos por esa misma caída, en tanto los sitios web de esos mismos periódicos baten récords de visitas y los propietarios han terminado presumiendo de ello.

La presidenta de la ANVP, Remedios Garrido García, es realista, aunque no das la batalla por perdida. Mantenerse a flote, tras las crisis sufridas, es casi milagroso. Porque el descenso parece imparable y no se adivinan alternativas. Los periódicos impresos parecen haber agotado sus ideas y sus recursos para producir algún tipo de incentivo al comprador. “Nosotros arrastramos varias crisis: la del papel, la económica y encima, vino el Covid. No sabemos cómo nos mantenemos a flote”, dice Garrido. La asociación que preside ve cómo cada semana cierra algún quiosco y ya no se abre por las tardes “salvo que se tenga un quiosco que no esté centrado en la venta de prensa”.

De lo que sí se queja con cierta amargura Remedios Garrido es de la “zancadilla” puesta por autoridades y empresas editoras a los quiosqueros. Por un lado, hay que recordar que la venta de prensa y revistas fue decretada como servicio esencial por el ejecutivo de coalición durante el primer estado de alarma. Esto obligó a que tuvieran que abrir «perdiendo dinero» ya que «bajaba muy poca gente, y en la calle no había clientes». Durante este tiempo se cobró a los propietarios por el uso del espacio público. En 2021 muchos municipios han relajado estos pagos, pero Garrido precisa que «se ha hecho pensando en la hostelería» y que nadie ha tenido en cuenta antes al sector que durante los meses más duros de la pandemia «mantuvo vivas las luces de la ciudad».

El segundo punto que acusa es el trato recibido por las editoras de prensa y revistas, las cuales durante el confinamiento apostaron por campañas de suscripciones “muy agresivas”, con la que el sector no podía competir. «Se nos ha hecho mucho daño con las suscripciones. Los periódicos necesitaban números y vender, y por eso nos dijeron que hacían suscripciones masivas, mientras nosotros teníamos nuestros puestos abiertos (sin vender) porque nos lo pidió el Estado», se queja la presidenta de la ANVP. Añade que «no se puede competir con esas ofertas desde el sector», porque no alcanzarían a tener un margen margen de beneficios (que es de céntimos). Todas las empresas que publican periódicos y revistas apostaron por este modelo de negocio para vender sus ediciones de papel durante la pandemia. Sin embargo, Garrido reconoce que hay firmas que se han portado mejor que otras y señala que el grupo Vocento (Abc) amplió el porcentaje que remunera a los quiosqueros; por estar estos en la calle vendiendo.

Que el sector está viviendo una transformación muy forzada, es evidente. En algunos lugares se asiste ya a un hecho que llama la atención: se está pasando de dispensar prensa casi exclusivamente a ofrecer servicios y productos que resulten accesibles y de manejo consumista para los viandantes. El quiosco contará con cajeros automáticos coincidiendo con que los bancos ya no van a conceder las facilidades que hasta ahora han dispuesto –cada vez más complicados, por cierto, para los profanos- y despachará comida, bebida, infusiones y café caliente.

Quién sabe si, de consolidarse estas tendencias, ya no se comprará en esos entrañables espacios el periódico preferido o la revista semanal.

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