FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Imprudencia | Francisco Pomares

Hasta a una señora tan circunspecta y modosa como doña Carolina Darias le puede dar un sarpullido de protagonismo: la ministra de Sanidad se despachó ayer asegurando que la aparición de nuevas variantes de la enfermedad hará necesario vacuna con una tercera dosis a toda la población. Se le escapó (o no) en una entrevista en Onda Cero, en la que la ministra reveló que el Gobierno de España ha suscrito un contrato con Pfizer y Moderna, según dijo «de la mano de la Unión Europea», aunque aún no se sabe cuando habrá que volver a pinchar a los ciudadanos, cuando será el momento de administrar el nuevo pinchazo. Y ya en racha, la ministra ha asegurado también que habrá que vacunarse todos los años, así en frío y «sin duda alguna».

Las declaraciones de la ministra canaria han causado cierto estupor: es cierto que Bruselas firmó hace dos meses un acuerdo con Pfizer para reservar 1800 millones de nuevas dosis, entre 2021 y 2023, para garantizar la vacunación total de la población y por si llegara a decidirse que hacen falta pinchazos de recuerdo. Eso ocurrió tras aparecer las primeras informaciones sobre el tercer pinchazo, pero la conveniencia de una tercera dosis no está de momento avalada por la evidencia científica. Tanto las principales agencias occidentales que se ocupan de regular la vacunación, la EMA europea como la FDA estadounidense, además de todos los informes de los que se tiene conocimiento, son categóricos al asegurar que todas las vacunas –al menos las autorizadas en la UE– cumplen con su objetivo, que es el de proteger de todas las variantes conocidas a los inoculados con las dosis terapéuticas. Científicos y epidemiólogos coinciden no solo en considerar que la tercera dosis no será necesaria, sino en desechar la hipótesis de que la enfermedad acabe apareciendo de forma estacional, especialmente si se acelera la vacunación en los países más pobres.

Por otro lado, es cierto que una persona vacunada puede volver a infectarse, y así ocurre en algunos casos, pero lo más probable es que desarrolle con mayor levedad la enfermedad. El porcentaje de personas con la vacunación completa que se han infectado de nuevo supone apenas un cinco por ciento de los contagios que se han producido desde que empezó la campaña, y la mayor parte de ellos han transcurrido sin que los contagiados sufrieran problemas graves.

Por todo eso resulta tan chocante la declaración de la ministra; por eso y porque las únicas voces que se han escuchado diciendo públicamente lo mismo que ella, son las de los portavoces de Pfizer y Moderna, obviamente partidarios de la aplicación de esa tercera dosis que –si llegara a aplicarse masivamente a todos los europeos ya vacunados– terminará de pudrir de pasta a las dos grandes farmacéuticas. Este sería un buen momento para recordar, por ejemplo, la campaña de exageraciones y miedos desatada contra la vacuna de Astra-Zeneca, la hermana pobre (y diez veces más barata), que iba a dejarnos más calvos de lo que ya estamos y mandarnos a todos al infierno. Sabemos que no ha ocurrido así, que la incidencia de problemas derivados de la vacunación con Astra-Zeneca es similar a la de las otras utilizadas, y que su eficacia también es prácticamente idéntica. La histérica campaña montada para hacer creer a la gente que Astra-Zeneca era mortal ha supuesto que el coste de la campaña de vacunación se haya multiplicado, y con ello los beneficios de las grandes farmacéuticas.

En este irritante contexto de confusión y manipulaciones, el propio Ministerio de Sanidad, a través de una portavoz, explicó ayer que lo que la ministra Darias quería decir con sus declaraciones es que «España está preparada» ante la eventualidad de que se tenga que pinchar esa tercera dosis. Pues será, pero se explicó fatal.

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