FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Cuestión (de) personal | Francisco Pomares

Noemi Santana amenazó el viernes con un posible abandono del pacto de las Flores por parte de su partido, si la Consejería de Derechos Sociales no recibe recursos suficientes en los próximos presupuestos para poder resolver el tapón de la Dependencia y otras calamidades que -dijo- han descubierto en toda su profundidad sólo tras llegar al Gobierno. Es curioso que no supieran ya suficientemente bien desde antes la insuficiencia de recursos que hay desde hace años en ese departamento. Uno se pregunta porque entonces ella y los suyos azuzaron enérgicamente la reprobación de la entonces consejera Cristina Valido. Seguro que no fue porque no les gustaba su peinado.

Santana tiene toda la razón del mundo cuando afirma que no puede resolverse el problema de la Dependencia sin aumentar el número de valoradores -apenas 68- de lis que dispone la Consejeria, una cantidad absolutamente ridículamente, que contrasta con la situación en otras regiones con una población similar a la nuestra, donde hay diez o doce veces más gente trabajando en la valoración de expedientes que en Canarias.

De hecho, lo que sobre la escasez de recursos dice Santana no es ni siquiera muy original: es lo mismo que dijo hace muy poco el informe del Diputado del Común presentado al Parlamento, parte de cuyos datos el Presidente Torres dijo no compartir. Reconocer la situación denunciada por Rafael Yanes -que con tan escaso personal no se puede atender a la gente, ni se podía antes- es un primer paso en la buena dirección, aunque después de dos años de no hacer nada para resolverlo, deslegitima algunas de las críticas del pasado.

Pero amenazar con romper el pacto si el asunto no se resuelve y no le dan el dinero que pide, demuestra escasa solvencia política de la señora Santana. Lo que ha hecho es derivar la responsabilidad hacia el resto del Gobierno, lavándose las manos ante el hecho de que durante dos años no se ha producido ni una sola iniciativa para resolver la catástrofe sin paliativos de la dependencia, más allá de excentricidades como la de decir que la gestión de la dependencia canaria está “en él podio de las mejores” de España.

Tonterías como esa, o cómo la de presumir de todo lo que ha mejorado su gestión al frente de la Dependencia en los dos años que le ha tocado estar al frente (ayer se limitaba a asegurar que no ha empeorado, algo es algo) sitúan la gestión de Santana en el área social del Gobierno, que es la que ella eligió, en el rango de lo inane.

Y luego está el ombliguismo y la mandíbula de cristal. La señora Santana dice que nunca se había criticado tanto a la Consejeria. Si se refiere a las críticas en el Parlamento, la reprobación a Valido desmonta el argumentario a la primera, y si se refiere a la crítica pública de los medios, quizá tenga razón. Pero eso no es fruto de una conjura mediática contra ella: tiene que ver con la hartura de constatar que pasan y pasan los años y son cada vez más las familias que ven morir a sus dependientes sin que nadie se ocupe de ellos.

Cuando se implantó la Dependencia, era razonable entender las disfunciones de un sistema que en Canarias empezó con mal pie. Pero eso vale para un par de años, no para una legislatura tras otra. Santana plantea en la mitad de ésta que necesita presupuesto para contratar a 400 empleados publicos más. En el mejor de los casos, si el Gobierno le da todo lo que pide, esos empleados no estarán valorando hasta el año 2023. Es muy difícil que un solo dependiente nuevo sea atendido gracias al trabajo de los contratados que ahora se reclaman. O sea, que seguiremos igual hasta -como muy pronto- mediados del próximo año electoral. La etapa de Santana no va a cambiar precisamente mucho en Dependencia. Y de todo lo demás, minusválidas, atención a menores inmigrantes, personas en situación de pobreza extrema, ancianos en situación de desamparo, etcétera, etcétera, pues mejor no hablar.

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