FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Ofertas telefónicas | Salvador García Llanos

Hasta cuatro llamadas de otras tantas compañías coincidieron en un mismo día para ofrecer sus servicios.

–¿Cuánto paga usted de promedio mensualmente-, primera pregunta.

Y a partir de ahí, un rosario memorizado de datos y ofertas para redondear en un cantidad “fija y para siempre”. La técnica suele ser la misma, con escasas variantes.

Será la época (antes del verano vacacional), será la expansión, serán las necesidades de captar clientela, será la voluntad de acreditar la competitividad, será que el sistema de trabajo o la eficacia de éste se mide por el número de ‘fichajes’, será que es inevitable la proyección de las marcas… será que es normal que todas las compañías tengan a su alcance el número de teléfono (fijo, también) de los mortales y desplieguen cada cierto tiempo, periódicamente, su capacidad comercial.

No basta con la negativa inicial:

–No, mire, es que ya tengo contrato con…

Al otro lado del teléfono se escucha una voz que persevera, que mejora la oferta, que sube número ilimitado de llamadas, que incluye fútbol, y cine… Hasta la exención de permanencias sale en la conversación. Siempre hay una respuesta para cualquier intento de desvío o de freno. De acuerdo, son técnicas comerciales verbales, a veces cargadas de una cierta agresividad, como si fuera necesario complementar la supuesta capacidad de persuasión. Y además, no declinan quienes ofertan, no se rinden a poco que se hagan algunas preguntas en busca del esclarecimiento de la oferta o de las garantías que cabe exigir de aquélla. Es verdad que alguno no aguanta y corta la conversación, sin más. Pero no crean, son los menos. Hay quienes siempre confían en el cansancio del potencial cliente para terminar con éxito.

El caso es que hay que aguantar esa “ofensiva”. La opción de memorizar el número –al menos las tres o cuatro últimas cifras- sirve para que, en caso de repetición de la llamada, no descolgar. También hay otra: atender y responder con mucha educación, agradeciendo la oferta y hasta la suficiencia con que ha sido pormenorizada pero que no la va a atender. Y colgar.

En fin, que el negocio de las telecomunicaciones tiene que seguir siendo próspero para unos y para otros. Es saludable la pluralidad de ofertas y si el potencial cliente tiene paciencia y es capaz de discernir para saber, con mayor o meno exactitud, lo que le conviene –o lo que puede gastar- pues igual la operación es acertada, siempre y cuando se cumplan, claro, lols contenidos y las prestaciones se hagan de manera regular. Alguna de las compañías, por cierto, ha incluido la atención personalizada, esto es, un número y una persona con nombre y apellidos, para evitar esas largas esperas que, en trance algún tipo de reclamación, se producen mientras el inagotable tono de llamada produce el natural desespero.

–Se me hizo eterno-, dijo días pasados la nieta a la que se encargó estar atenta a la respuesta del número facilitado. Habían pasado once minutos desde el primer pitido.

En fin, si están en ese trance, paciencia.

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