FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Todo por el REF | Francisco Pomares

La diputada Vidina Espino sorprendió ayer a Sus Señorías contándoles antes que a nadie que se larga de su partido, al parecer porque se siente muy decepcionada, por haber votado Ciudadanos en el Congreso junto al PSOE, Podemos y los independentistas, en contra de la posición del Parlamento sobre el REF. En su intervención ante la Cámara –la primera de la mañana–, Espino hilvanó en cuatro frases una justificación plausible a su decisión, que probablemente tiene más que ver con el hartazgo de seguir tragando quina en medio del derribo de Ciudadanos desde dentro, que con el último desprecio del Congreso al Parlamento regional. Dado su conocido y tradicional desparpajo a la hora de repartir estopa entre los escaños, podría decirse que la diputada estuvo más comedida de lo que suele, aun cuando se permitiera unas notas sentimentales y un par de cínicos piropos a la «experiencia y las tablas» de sus colegas, «muy superiores» –dijo– a las suyas. Espino prefirió embridar a la diputada aguerrida, desafiante e incómoda que suele interpretar, para poner en escena una maliciosa candidez de mujer obligada a su pesar a la coherencia y dignidad en defensa de sus –ejem– convicciones e ideales.

Todo lo que vino después, en un pleno para presumir de devoción y amor al REF, y del que se sabía de antemano el resultado, quedó bastante contaminado por el anuncio: si Jerónimo Saavedra fue el primer cadáver exquisito que dejó el maltrato al REF, el supuesto sacrificio de doña Vidina, será probablemente otro de los hitos memorables a sacar del cajón de nuestra historia conventual cada vez que se invoque la mística de los fueros canarios. Y es que el REF archipielágico –«esa ley para ricos», que decían antes en Podemos– se ha convertido con los años en un simbólico banderín de enganche para ir a la guerra contra Madrid, a la bronca electoral o a hacerse el PCR de canariedad: quizá por eso surgen en torno al REF malherido escenas homéricas para el recuerdo, como el cruel asesinato de Saavedra por sus taimados aliados o esta presentación de ayer –entre Juana de Arco y Agustina de Aragón–, y otras menos homéricas, como los malabarismos en la cuerda floja del presidente Torres, para apoyar al mismo tiempo la integridad del REF y a quienes quieren convertirlo en papel mojado.

La nuestra es una tierra curiosa, que tiende a premiar el compromiso: al final prosperó lo de esperar a que –cuando en Madrid tengan tiempo– se convoque la Comisión Bilateral que tendría que haberse convocado antes de votar la rebajita del diferencial, y sólo si no sirve para nada, acudir (hipotéticamente) al Constitucional. Aunque Torres ya dejó claro que eso sería perder el tiempo, porque todo el sindicato de Abogados del Estado caerá en peso sobre el bunker circular de la calle Doménico Scarlatti a defender que nadie ha sometido al REF a tocamientos impropios o abusos deshonestos. Con sus tres votos de calidad, el gomero Curbelo también clamó por el acuerdo previo, y en Madrid paz y aquí a esperar que nos convoquen.

Mientras en eso estaban en Teobaldo Power, los Ciudadanos cogidos por sorpresa, reaccionaban vitriólicamente al anuncio de Espino jurando que si ha dejado el partido ha sido porque pensaban echarla de la portavocía del Grupo Mixto la próxima semana. Se supone que para poner en su lugar al diputado Ricardo Fernández. Hasta ayer, a nadie le habría parecido una decisión muy sabia: Fernández es un orador vamos a decir que ‘algo’ soso. Y después de ayer, estamos ante una decisión inane: si la especie fuera cierta, mejor se la podrían haber callado, le han dado a la señora Espino la excusa perfecta para quedarse con el acta.

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