FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | El mal rollo de las redes | Salvador García Llanos

La escritora y periodista Nativel Preciado, ganadora del premio Azorín de novela 2021 con su título El santuario de los elefantes (Editorial Planeta), se ha sumado al ya largo listado de personas que se muestran muy críticas con las redes sociales. “Hay un mal rollo porque nos pesa demasiado lo que dicen”, confiesa en una entrevista que hace Carlos Alsina en Onda Cero. Asegura que a veces piensa en dejarlas, cuando le dicen cosas durísimas y considera que no tiene por qué aguantar todas esas opiniones ajenas y anónimas que “le ensucian la cabeza”. Sin embargo, dice que sigue ahí por la infinita curiosidad que tiene como periodista. «Qué duro es aguantar este mal rollo que hay en las redes en estos momentos, que se ha trasladado a otros ámbitos como la política», argumenta.

Esos pensamientos en voz alta probablemente condensan el parecer de muchísimos usuarios de las redes que, llegado un tiempo, se convencen de que aprenden muy poco o nada y se cansan de insultos y descalificaciones que son las que abundan porque algunos, muchos, interpretan que es un pasto abonado para plasmar lo que les viene en gana. Como no pasa nada –todo lo más, la propia red te sanciona con una exclusión temporal si, tras recibir la correspondiente denuncia, considera que has infringido sus normas- más de uno se explaya y lanza vituperios y ataques personales, especialmente cuando no encuentran argumentos para replicar las argumentaciones o expresiones de quienes han expuesto una opinión o han defendido una posición.

Cuando alcanza ese hartazgo, se dan de baja voluntariamente o borran de entre sus agregados a la persona o personas que utilizan un lenguaje soez e insultante, realmente reprobable. No se aprende nada –dice algún usuario renuente y desencantado- o hay que soportar expresiones que siempre resultan desagradables y que, en el peor de los casos, viniendo de personas amigas y respetables, no se está dispuesto a aguantar después de una reiteración o de un tiempo girando sobre el mismo tema.

Suelen abundar las diferencias motivadas por la política. Se empieza constatando diferencias partidistas o ideológicas y se termina reprochando alguna circunstancia personal, incluso de algún pariente ajeno a la discrepancia. Hay quien se remonta al franquismo para establecer alguna comparación. Y no digamos cuando el objeto de la discrepancia se basa en datos inexactos de la actualidad o del pasado. O cuando se extralimitan para entablar la que puede ser una sana discusión. En definitiva, con frecuencia se asiste en el patio de las redes a una discusión o a una refriega. Quien se plantea abandonarlas por alguna de las causas que hemos secuenciado con anterioridad y porque considera que aparecer ahí es una pérdida de tiempo y hasta una opción de cabreo absolutamente innecesaria, está en todo su derecho. También en el de aguardar mejores tiempos, de mayor madurez, en los que a base de experiencia, el personal se desenvolverá con mejores maneras o modales y con otra capacidad de discernimiento.

Preciado tiene razón: se aguanta porque se descubren cosas, se verifican comportamientos y contrasta la personalidad de los usuarios. De vez en cuando, una noticia o el fallecimiento de algún pariente o amistad. En esos casos, lo mejor es decir nada, dejar hacer y dejar pasar. Y obrar en consecuencia.

Un mal rollo, resume ella.

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