FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Descaro | Francisco Pomares

Más de doscientos nuevos empleados públicos reclaman tres consejerías del Gobierno de Canarias. Y no se trata de las de Derechos Sociales, la de Sanidad o la de Educación, saturadas por la situación creada por la pandemia e incapaces de resolver las listas de la dependencia, las de la minusvalía, o la atención en centros de salud o colegios. No, esto no va de las consejerías sociales.

Las que se quejan ahora son la de Transición Ecológica, la de Administraciones Públicas y la de Hacienda, que reconocen su incapacidad para poder gestionar los fondos europeos con el «poco» (dicen) personal que tienen, y amenazan con no ser capaces de hacer su trabajo si no consiguen el personal que piden. Un personal que el consejero Valbuena opina que deberá mantenerse al menos cinco años, dos más de lo que el Gobierno puede mantener los nuevos contratos de interinidad, so pena de ser multado. Con dinero que pagamos nosotros, claro.

Al final, va a resultar que los recursos Next Generation que nos ha prometido mandar Europa no van a servir para transformar esta región, como nos había prometido sandungueramente el presidente Torres, sino para colocar a más burócratas, porque los que ya hay no son capaces de mover los expedientes. Conviene recordar que cada vez que se contrata a más personal en la Administración pública, se encarece su coste de funcionamiento. La Administración canaria es de las menos productivas de España, un país cuya administración no es tampoco de las más productivas de Europa. Doscientos nuevos empleados –muchos de ellos empleados de nivel, ingenieros, biólogos, geógrafos…- podrían llegar a costarnos más de diez millones de euros más al año. No sé a ustedes, pero a mí me parece de un descaro extraordinario que en una situación como la que estamos viviendo, con decenas de miles de personas aún en Ertes, decenas de miles de autónomos y de pequeñas empresas en la práctica ruina, sin saber si acabarán el año, y aún a la espera de que el Gobierno les pague lo prometido, se plantee públicamente por tres departamentos del Gobierno –y son los que más prisa se han dado- una petición como la que hemos escuchado de las consejerías que han de gestionar los dineros de Bruselas.

Porque esto no es algo que ocurre ‘ex novo’: ocurre después de que en el Gobierno se hayan quitado ya parte de su trabajo de encima, conveniando con las Cámaras de Comercio para que se ocupen del reparto de las ayudas a los empresarios, o endosando a Turismo el curro que le correspondería hacer a Hacienda (pregúntense porque Turismo tiene que gestionar las ayudas al IBI de los hoteles), a cambio de darle a Yaiza Castilla 15 de esos millones del IBI, para que se los gaste en su lotería vacacional.

El reconocimiento de que Canarias necesita doscientos empleados más –solo para poder gastarse el dinero que va a llegar, además de los seiscientos o setecientos que –esos sí, de verdad- necesitaríamos para poder situarnos en las medias españolas en personal para hacer frente a los retrasos intolerables en Derechos Sociales- es la aceptación de que tenemos una administración bastante ineficaz, una administración dejada de la mano de Dios desde hace ya más de una generación. Son cosas de las que no se habla, porque nadie quiere ponerle el cascabel al gato, pero hace años que nadie se ocupa de embridar el desastre que es hoy la función pública en las islas, con decenas de miles de interinos desmotivados y de laborales a los que cada día se les promete algo distinto que no cumple jamás.

La normativa aprobada este mismo año establece que la gestión de los fondos europeos deben asumirla los funcionarios de plantilla. Es razonable, porque administrar fondos europeos requiere experiencia y formación, no es trabajo para recién llegados. Por eso, el Gobierno debería estar ya preparando los concursos de traslado y la selección de los más cualificados para hacer frente al trabajo que viene. Pero aquí en lo único que se piensa es en contratar cuanto antes a más gente. Quizá porque esa huida clientelar hacia adelante es bastante agradecida.

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