FIRMAS Juan Miguel Munguía Torres

OPINIÓN | Protección del honor de un difunto | Juan Miguel Munguía

El pasado 16 de marzo, el Tribunal Supremo, se pronunció nuevamente sobre el derecho de la memoria de una persona fallecida.

Los hechos traen causa de que la persona fallecida, tras haber participado en programas de televisión de entretenimiento nocturno se afirmaba que la fallecida sufría de dependencias muy importantes, con ingesta constante y severa de alcohol, así como de cocaína, además de diversos fármacos psicotrópicos y ansiolíticos recetados por su médico, e incluso se aireaba la vida sentimental.

Los familiares estimaron que no podían ser amparada dichas comunicaciones por la libertad de información, por no cumplir la veracidad de la información, ni con la libertad de expresión, puesto que considera vejatorias y supondrían un atentado contra la profesionalidad de la recurrente.

Sobre este tipo de programas de crónica social o prensa rosa se ha pronunciado el TS en diversas ocasiones concluyendo que, pese a la dureza y exceso de las expresiones vertidas, pueden quedar amparadas por la libertad de expresión aun siendo de mal gusto cuando se hace uso del animus retorquendi o propósito de réplica a una injuria previamente recibida, para impedir su continuidad y consecuencias alegando defensa del honor.

En este caso, es evidente las hermanas de la fallecida pueden ostentar un interés legítimo en la protección de la memoria de la fallecida, pero la demandada propició que una de las hermanas pudiera intervenir, con lo que es manifiesta la intención de la cadena de obtener una visión objetiva para la audiencia. Es manifiesta también la autoexposición pública de la fallecida, por la publicación de su autobiografía, en la que se mencionaban los avatares de su vida personal y profesional, algunos de ellos ciertamente escabrosos.

La sentencia recoge que prima el derecho a la información en relación con un personaje que no resguardó su ámbito de intimidad, sino que lo expuso en la «esfera de lo público» por lo La Sala considera acertada la ponderación de los derechos en juego, sin que exista infracción del derecho al honor ni a la intimidad de la difunta.

 

munguia@munguiaabogados.com

 

 

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