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OPINIÓN | El universo aburrido (cuento infantil para adultos) | Agustín Gajate Barahona

Foto: Z. Levay a través del Telescopio Espacial Hubble de la NASA y de la ESA

Érase una vez un universo aburrido. Era tan aburrido que ni siquiera sabía que era un universo ni que estaba aburrido. Estaba integrado por partículas oscuras con mala energía, partículas que se daban la espalda unas a las otras y se generaban rechazo entre ellas mismas, a pesar de estar muy juntas. Allí se respiraba la tensión y se mascaba la tragedia.

Pasaba el tiempo y nada cambiaba, hasta que a una minúscula partícula elemental se le ocurrió darse la vuelta y gastar una broma a la que tenía más cerca. “¿Tienes fuego?” preguntó a la hasta entonces compañera indiferente, que se asustó tanto que vibró como nunca antes lo había hecho. A la partícula bromista le hizo gracia la reacción y probó con otras para seguir divirtiéndose y todas comenzaron a vibrar y a contagiar esa vibración a las de los alrededores.

Ese extraño comportamiento suscitó la atención de un viejo neutrino que tenía muy malas pulgas elementales y ningún sentido del humor y que, además, se la tenía jurada a unos bariones camorristas que se encontraban por aquella zona y que regañó a la minúscula partícula elemental: “Con el fuego no se juega, niña, que es muy peligroso. Ahora llevamos un tiempo tranquilos. Hay tensión, pero también tranquilidad, así que no cambies ni toques nada que la puedes liar bien gorda”.

La minúscula partícula elemental se puso mohína tras la bronca, pero tenía el cuerpo juguetón, así que, en cuanto se le pasó el disgusto, pensó en otra cosa que hacer que fuera divertida y se le ocurrió rozarse con las compañeras que tenía cerca. Éstas, que nunca habían experimentado nada igual, comenzaron a excitarse, hasta un punto que comenzaron a sentir fuego por dentro y a contagiarse unas a otras de la emoción y del placer que sentían gracias a la fricción de sus casi invisibles cuerpos.

El neutrino, cuando se quiso dar cuenta de lo que estaba pasando sólo se le ocurrió gritar para advertir a tanto a sus compañeros como al resto de partículas elementales y a sus adversarios bariones: “¡Corred insensatos!”. Pero era demasiado tarde, la onda expansiva provocada por aquel primer orgasmo de partículas traspasó todos los límites desconocidos de aquel universo aburrido hasta llegar a sus confines.

Aunque eso no fue todo. Después del primer gran orgasmo colectivo (mal denominado como ‘big bang’ por los habitantes que se consideraban como los más listos de un pequeño planeta) las partículas elementales quisieron más y siguieron frotándose, acariciándose y restregándose entre ellas hasta conseguir que aquel espectáculo se pareciera a unos fuegos artificiales, cada vez más bonitos, más coloridos, más elaborados, más grandes e impresionantes, que iban surgiendo en diferentes y alejados lugares de un universo cada vez menos aburrido, más divertido y a la vez peligroso, pero también más vistoso, diverso y complejo.

En aquellos tiempos inmemoriales, las minúsculas partículas elementales estaban entusiasmadas con su obra y siguieron practicando y perfeccionando su capacidad de crear energía vibrante sin parar, hasta formar las nebulosas, las galaxias, las constelaciones y toda la cadena holográfica que ilumina nuestro firmamento, mantiene unidas a las excitadas partículas, ha sido capaz de generar vida y, de esta manera, posibilitar que algunos de esos nuevos seres puedan reproducir en sus cuerpos aquellos orgasmos ancestrales y perpetuar el brillo de todos los cuerpos más o menos celestiales.

Y ese proceso sigue en marcha y así es como existen los extraterrestres, extraterrestras y extraterrestros, al igual que los extraterrescuatros, extraterrescincos y sucesivos.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

 

Foto: imagen tomada por Z. Levay a través del Telescopio Espacial Hubble de la NASA y de la ESA correspondiente a una pequeña parte de la Nebulosa del Velo, que se encuentra a unos 2.100 años luz de la Tierra en la constelación del Cisne, un remanente de supernova formado hace aproximadamente 10.000 años por la muerte de una estrella masiva, que tenía veinte veces la masa de nuestro Sol. Vivió rápido y murió joven, terminando su vida con una excepcionalmente intensa liberación de energía.

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