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OPINIÓN | Playas, banderas | Salvador García Llanos

La Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (ADEAC), que promueve la iniciativa de las banderas azules, ha dado a conocer hace un par de días, las playas y puertos deportivos que lucirán este emblema de calidad durante los próximos meses, en el segundo verano marcado por la pandemia. En total, en Canarias ondearán esta temporada 59 banderas azules, ocho más que en la de 2020, siendo nuevas incorporaciones la playa de San Marcos, en Icod de los Vinos (Tenerife); Timijaraque en Valverde (El Hierro); Santa Cruz de la Palma (La Palma) y La Enramada en Adeje (Tenerife). Además, las islas han obtenido bandera azul para cinco puertos deportivos.

Esta bandera distingue a aquellas playas y puertos deportivos que cumplen los criterios de excelencia en la calidad del agua de baño, cumplen la normativa ambiental y disponen de infraestructura sanitaria y de seguridad adecuados para garantizar la salud y la seguridad de los usuarios de las mismas.

A Tenerife le corresponden dieciséis banderas que se desglosan así:

-Adeje: El Duque, La Enramada (nueva incorporación), Torviscas, Troya I y II.

-Arona: El Camisón, Las Vistas.

-Garachico: El Muelle, Piscinas Naturales de El Caletón.

-Guía de Isora: Playa de la Jaquita.

-Icod de los Vinos: San Marcos (nueva incorporación)

-Los Realejos: El Socorro.

-Puerto de la Cruz: Jardín, San Telmo.

-San Cristóbal de La Laguna: Piscinas Naturales de Bajamar, Piscina Natural del Arenisco.

-Tacoronte: La Arena (Mesa del Mar).

Debido a la pandemia de Covid-19, el verano de 2020 fue el más atípico que se recuerda, con limitaciones a las posibilidades de viajar y al turismo. Como se sabe, la emergencia sanitaria obligó a millones de europeos a cambiar sus destinos vacacionales.

España es una potencia mundial en lo que se refiere a la acogida y atención de turistas. Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), fue el sehundo país del mundo que más visitantes recibió en 2019. Gran parte de ellos vienen atraídos por las playas y los servicios de ocio y hostelería complementarios que se ofrecen en las zonas costeras.

Por consiguiente, una gestión sostenible de las playas que resulte compatible con este importante sector de nuestra economía es una cuestión de gran relevancia. Como hemos dicho, el distintivo se otorga cuando una playa cumple requisitos de calidad en cuatro dimensiones: actividades de educación y concienciación medioambiental, calidad del agua, gestión medioambiental y servicios.

Aquellas localidades que quieren optar a este reconocimiento, presentan voluntariamente su candidatura. Tras un riguroso proceso de inspección, se les concede o no la bandera azul, que debe renovarse anualmente. Gran parte de los criterios se refieren a la gestión medioambiental y a mantener el agua en condiciones de excelencia.

En diferentes ámbitos se plantea si las restricciones a la actividad humana para preservar el medio ambiente suponen una limitación al crecimiento y desarrollo económico. Podría ser el caso del compromiso con la gestión sostenible de las playas.

No obstante, a diferencia de lo que ocurre con las limitaciones medioambientales a ciertas actividades industriales, las playas con aguas más limpias en un entorno más cuidado son un factor que atrae al turismo. Por tanto, puede servir de estímulo al desarrollo del sector turístico local.

Los profesores de Economía Aplicada de la Universidad Murcia, Fernando Merino de Lucas y María Asunción Prats Albentosa, concluyen, en un trabajo publicado recientemente, que las banderas azules vienen a distinguir playas más sostenibles de modo que impulsen el turismo costero

“Para una localidad –precisan- aspirar a que sus playas sean reconocidas con esta modalidad de banderas supone una inversión de recursos –instalación de sistemas exigentes de depuración de aguas, limpieza periódica de la playa, duchas, aseos y otras prestaciones– así como la restricción a ciertas actividades que pudieran suponer una fuente de contaminación. Por ello, resulta necesario evaluar el impacto de una gestión acorde con estos parámetros de sostenibilidad. Esta necesidad es percibida no solo en España, sino también en otros países con una elevada presión turística sobre sus zonas costeras”.

Por ello, los profesores Merino y Prats indican que la gestión sostenible no está justificada solo por la obligación que tenemos con las generaciones futuras o por el compromiso moral con los recursos naturales o el impacto dañino sobre la salud de las personas que pueda suponer la contaminación de las aguas y los mares. También la economía local se ve beneficiada por la gestión sostenible de las zonas de baño.

Por tanto, “es necesario transmitir a todos los grupos de interés en el sector turístico local que el esfuerzo y las limitaciones que impone una gestión más sostenible de las zonas de baño tiene un impacto positivo en destinos turísticos con litoral”.

Este es el auténtico valor de las banderas azules. Quienes las han obtenido, estupendo. Y ya saben que deben esmerarse para repetirlas o hacerlas ondear en otras zonas de baño de su municipio.

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