FIRMAS Francisco Pomares

0PINIÓN | Todo un carácter | Francisco Pomares

La Fiscalía ha pedido seis meses de cárcel para el diputado de Podemos Alberto Rodríguez, por su supuesta agresión a un policía nacional, durante una protesta contra el ministro Wert, que acabó en una algarada en la que el agente fue pateado y terminó con lesiones.

La pelea, en la que Rodríguez ha negado categóricamente haber participado, se produjo en La Laguna hace ya siete años. La fiscalía atribuye a Rodríguez un delito de atentado contra la autoridad y, además de la pena de cárcel, también le atribuyen un delito leve de lesiones, con una multa de 540 euros, y pide que el diputado y secretario de organización de Podemos indemnice al Policía herido con 250 euros.

Es una petición de condena rebajada a justo la mitad de la que se pidió al diputado cuando la causa era tramitaba en un juzgado lagunero, antes de que Rodríguez quedara aforado ante el Supremo. Ya se sabe que Podemos siempre ha criticado las ventajas del aforamiento, pero una cosa es denunciar y otra ser consecuentes con lo que se denuncia.

No es esta la primera vez que Alberto Rodríguez es investigado en el Supremo por lo que podríamos definir como un ‘exceso de carácter’. Ya en 2017 el Tribunal abrió un procedimiento contra el diputado tinerfeño por un presunto delito de desórdenes públicos, en relación a otro altercado con policías laguneros a finales de diciembre de 2006. Un caso bastante parecido a éste de ahora. Los hechos tuvieron lugar entonces en la noche de Navidad, tras ser identificado por los agentes de la Policía Local en un control de alcoholemia y drogas. Alberto Rodríguez y otros amigos –según la versión policial- increparon a un grupo de personas y provocaron un altercado.

El caso fue juzgado en los tribunales ordinarios, y algunos de sus protagonistas aceptaron en su momento una sentencia de conformidad, lo propio para un asunto de menor enjundia como éste. Rodríguez no se avino a acuerdo, y planteó siempre que había actuado en defensa de los derechos civiles de su hermano ante una agresión, negando el enfrentamiento con la Policía. El caso se fue arrastrando durante doce años por distintos tribunales hasta que Rodríguez se convirtió en diputado y entonces llegó al Supremo, donde acabó siendo archivado por prescripción.

Esa primera historia era de partida un asunto bastante menor: las consecuencias de una madrugada festiva y etílica, con algún daño al mobiliario urbano y a un coche aparcado por allí. Ocurrió hace ya quince años, cuando el diputado era poco más que un pibe. Pero el segundo apunta cierta reincidencia en los acontecimientos y las excusas. Rodríguez niega cualquier conflicto con el policía que le acusa de haberle pateado, de la misma manera que negó haber tenido ningún problema con la poli local de La Laguna.

Y la misma estrategia defensiva: argüir persecución con afán de perjudicarle por ser él podemita. También ha contado con Echenique las dos veces para defenderse. Su colega considera que la causa actual es consecuencia directa de que es miembro de Podemos. Es poco plausible que un policía busque líos con un diputado porque sí, pero en la ocasión anterior, la prescrita, la denuncia no se produjo contra un diputado, sino contra un pibe airado.

Añadir que Alberto Rodríguez suele ser muy ‘friendly’ y majete en sus comparecencias públicas. Un tipo agradable y más suave que una caricia, al menos cuando está delante de un micro de la prensa. En los mítines sube el tono, se asiroca y a veces le he escuchado escupir sapos y culebras. Pero eso lo hacen todos. Creo que hay que ser prudentes en este asunto: una vez puede pasar como un exceso de juventud, dos ser casualidad. Pero mejor que no se meta en más líos violentos con la policía. Dicen que a la tercera va la vencida…

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