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OPINIÓN | Blanqueo de ignorancias (crónica ficticia de sucesos) | Agustín Gajate Barahona |

La policía ha desarticulado estos últimos días una compleja organización criminal dedicada al blanqueo de ignorancias. La operación se ha coordinado entre los diferentes cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, bajo la supervisión del poder judicial, y se ha desarrollado en diferentes capitales de distintas comunidades autónomas de la geografía nacional.

Según fuentes policiales, la operación ha sido un completo éxito, que se ha saldado con varios millares de detenidos, sin que se hayan podido escapar ni los artífices de la trama, ni los colaboradores necesarios para que se pudieran concretar en acciones sus fines delictivos, aunque no se descarta que esta red tenga también conexiones internacionales, circunstancia que se está investigando, para proceder, en caso de acreditarse esa vinculación con otras estructuras similares de otros países, a emitir las correspondientes órdenes de detención a través de la Interpol.

El ‘modus operandi’ de la organización desarticulada consistía en montar canales de televisión, para luego seleccionar a individuos de ambos sexos y de otros de difícil adscripción a un género concreto, para que empatizaran con la audiencia o para que fueran tan polémicos que captaran irremediablemente su atención, a quienes ponían sobrenombres como ‘la princiesa del gentío’, ‘el torero ilustrado’, ‘la folclórica enciclopédica’, ‘el aristócrata solidario’, ‘la pobre tonadillera arruinada’ (pero multimillonaria), ‘el poeta del estercolero’, ‘la bella a la que nadie ama’, ‘el matón al que todas adoran’ y otros personajes variopintos, sin oficio ni beneficio, a los que convertían en famosos para que contaran sus intrascendentes vidas o las de otros también de escaso interés.

Después de encumbrar a estas personas y alabar en ellas cualidades inexistentes, se procedía a publicar libros como si fueran sus autores, que por la notoriedad adquirida se convertían en los más vendidos entre las diferentes editoriales, o a presentar algunos de esos textos a concursos literarios para que fueran galardonados con suculentos premios y, de esta forma, presentarse ante la sociedad civil como modelos a seguir e ilustres personalidades de la cultura nacional, regional o local, sin tener que haber cursado ningún tipo de formación académica universitaria para obtener los conocimientos necesarios para defender con criterio una opinión fundamentada sobre cuestiones de interés o de cierta trascendencia.

A través de este conjunto de farsantes engreídos y a la vez inconscientes de su incapacidad e ineptitud, la organización criminal conseguía manipular a la opinión pública, con la finalidad de potenciar el consumo inconsciente de productos innecesarios, fomentar conductas caprichosas e irracionales, facilitar la toma de decisiones erróneas o perjudiciales para uno mismo y la sociedad, dar lecciones sobre como echar la culpa a otros y enseñar a amplias capas de la población a no asumir sus propias responsabilidades cívicas.

La detención de los integrantes de esta compleja red ha provocado un apagón generalizado de los canales televisivos afectados, por falta de personal que los mantenga activos, lo que ha traído como consecuencia que miles de personas en todo el país, al no saber que hacer ni que ver por la televisión, hayan salido a la calle para manifestarse en favor de la libertad de los detenidos, pero no para ayudarles directamente, ya que estas multitudes lo que piden es que se respeten sus derechos individuales y colectivos a consumir cuanta telebasura se les ofrezca, aunque ello les perjudique tanto a título personal como al conjunto del país.

Diferentes grupos de manifestantes se han organizado y presentado ante los juzgados demandas colectivas contra las detenciones masivas, que han sido admitidas a trámite por el procedimiento de urgencia por alarma social, e incluso un juez de una circunscripción ajena a los hechos ha dictado una orden en la que exige la libertad inmediata sin cargos ni fianzas para todos los detenidos en la operación policial.

Otros grupos de telespectadores afectados han ido más lejos y han denunciado a la policía y a los jueces que dirigían la operación por limitar sus derechos constitucionales a consumir libremente bulos, noticias falsas o medias verdades, y a creer las mentiras que consideren más originales, divertidas u ocurrentes ofrecidas por cualquier proveedor de servicios de comunicación. En sus alegaciones, afirman que tanto ‘influencers’ como ‘youtubers’ hacen lo mismo a través de otras plataformas en internet y redes sociales, sin que nadie actúe contra ellos. Un grupo de radicales también ha justificado en su petición que las diferentes religiones llevan haciendo lo mismo a lo largo de la historia, provocando odios, guerras y desastres sociales sin consecuencias jurídicas para sus dirigentes, algunos de los cuales fueron ascendidos a los altares o esperan a sus feligreses en los paraísos prometidos.

Los expertos disponibles consultados también carecen de cualificación o criterios mínimos para formular una opinión coherente y fundamentada sobre la situación actual del conflicto, pese a lo cual no dudan en expresar sus pronósticos, como si un partido de fútbol se tratara, y apuestan por un resultado determinado como si echaran una quiniela. Así, mientras unos prevén una larga y traumática batalla legal, otros creen que los detenidos van a poder reincorporarse con normalidad en breve a sus puestos para seguir desarrollando la actividad que tenían encomendada en los canales televisivos afectados por la operación policial y que el asunto quedará en una mera anécdota que se olvidará en pocos días, porque la gente pierde la memoria cada día con mayor facilidad.

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